Barreras de seguridad vial: Tipos, normativas y la importancia de la certificación para proyectos públicos

Las barreras de seguridad vial, técnicamente llamadas sistemas de contención de vehículos (SCV), son un elemento esencial en la infraestructura moderna, diseñadas para proteger a conductores, peatones y ciclistas frente a accidentes de tráfico. Su función principal es reducir la gravedad de las colisiones, evitando salidas de vía o impactos contra elementos peligrosos. En España y en toda Europa, la instalación de barreras está regulada por normativas estrictas que garantizan su eficacia y certificación, factores clave para los proyectos de obra pública.

La elección de la barrera adecuada depende de factores clave como el tipo de vía, el volumen de tráfico, el entorno (urbano, interurbano, túneles, puentes) y el nivel de contención exigido por la normativa. A continuación, se detallan los principales tipos:

Barreras Metálicas (Guardarraíl)

Las barreras metálicas, también conocidas como guardarraíles, y aún más popularmente quitamiedos, se fabrican habitualmente en acero galvanizado, lo que les confiere una alta resistencia a la corrosión y una larga vida útil. Son sistemas flexibles, diseñados para deformarse al recibir un impacto, absorbiendo y redistribuyendo la energía para reducir la gravedad de las lesiones en los ocupantes del vehículo.

Son ideales para carreteras convencionales y autovías, especialmente en tramos donde el vehículo podría salirse de la vía hacia desniveles, taludes o zonas arboladas. Sus principales ventajas son el coste reducido, la facilidad de instalación y reparación, y su gran versatilidad. Sin embargo, requieren un espacio de seguridad detrás de la instalación para permitir su deformación (anchura de trabajo).

Barreras de Hormigón

Estas barreras se construyen con hormigón armado o pretensado, y a menudo cuentan con juntas machihembradas para mejorar su continuidad. Son sistemas rígidos que apenas se deforman ante un impacto, ya que su principal función es contener y redirigir el vehículo dentro de la calzada.

Se utilizan en autopistas y vías de alta capacidad, así como en puentes, viaductos y túneles, donde no hay espacio lateral para la deformación. Sus principales ventajas son una durabilidad muy elevada y la necesidad mínima de reparación después de un impacto. Su limitación principal es que transmiten una mayor severidad al impacto a los ocupantes del vehículo en comparación con las barreras flexibles.

Barreras Mixtas

Las barreras mixtas combinan una base de hormigón con elementos metálicos en la parte superior. Su diseño busca un equilibrio entre rigidez y flexibilidad, absorbiendo la energía del impacto para reducir su gravedad en los ocupantes sin comprometer la estabilidad estructural.

Son habituales en zonas urbanas con tráfico mixto (vehículos pesados y ligeros) y en vías rápidas cercanas a núcleos urbanos, pero están en desuso porque no son sistemas certificados según la normativa vigente desde 2011 En su momento, dieron respuesta a algunas carencias de las barreras de hormigón, como su altura.

Sistemas de protección de motociclistas

El diseño de las barreras convencionales, en particular los postes verticales que las sustentan, representa un riesgo crítico para los motociclistas. En caso de una caída, el impacto directo del cuerpo del motorista o de la motocicleta contra estos elementos rígidos puede causar lesiones catastróficas. Para mitigar este peligro, se han desarrollado los sistemas de protección para motociclistas (SPM), que consisten en la instalación de un plano inferior continuo que cubre la parte baja del guardarraíl.

Estos SPM, fabricados en materiales como acero, polímeros de alta resistencia o una combinación de ambos, tienen la función vital de crear una superficie lisa y continua que impide que el cuerpo del motorista se deslice bajo la valla y choque con los postes. En esencia, canalizan al motorista a lo largo de la barrera, minimizando la posibilidad de una colisión directa con los puntos de impacto más peligrosos. Su implementación es considerada una medida de seguridad prioritaria en tramos de alta siniestralidad de motocicletas, curvas peligrosas y vías de montaña, donde el riesgo de caída es mayor. La eficacia de estos sistemas está validada por estudios que han demostrado una reducción significativa en la gravedad y frecuencia de las lesiones en motoristas.

Barandillas y Sistemas Peatonales

La función de estos sistemas es proteger a los usuarios más vulnerables, como peatones y ciclistas, y canalizar el tránsito en entornos urbanos. Se fabrican en materiales como acero, aluminio o metacrilato, cumpliendo siempre con los requisitos de accesibilidad y una altura de protección mínima.

Se instalan en aceras cercanas a vías de tráfico intenso, en pasos de peatones elevados y en entornos urbanos con gran afluencia de personas. Su principal ventaja es que aumentan la seguridad vial de colectivos vulnerables y ayudan a ordenar el flujo peatonal.

Normativas de referencia

En la Unión Europea, la norma EN 1317 es el marco de referencia esencial que regula las características, requisitos y ensayos de las barreras de seguridad vial. Esta norma garantiza que las barreras cumplen unos criterios homogéneos de seguridad en todos los países miembros, lo que facilita su validación y comparación en el mercado europeo.

Los parámetros clave definidos por la norma son:

  • Nivel de contención: indica la capacidad de la barrera para detener vehículos de diferentes masas, y a diferentes velocidades y ángulos de impacto. Por ejemplo, un nivel H2 es capaz de detener un autobús de 13 Toneladas, mientras que un nivel N2 se aplica a turismos de 1,5 T a velocidades intermedias. Cada país tiene mecanismos de selección del nivel de contención para cada tipo de vía y su IMD, o intensidad media diaria de tráfico y tipo de vehículos..
  • Deflexión dinámica (D): define la distancia máxima que se desplaza la cara delantera de la barrera ante el impacto.
  • Anchura de trabajo (W): define la distancia máxima que se desplaza la barrera hacia atrás durante un impacto. Esto es fundamental para asegurar que el vehículo no alcance obstáculos, estructuras o peatones detrás del sistema de contención
  • Intrusión del vehículo (Vi): define el lugar al que llegaría una hipotética caja de camión de 4 metros al impactar contra la barrera. Especialmente importante en estructuras donde esta caja pudiera golpear elementos estructurales, por ejemplo, de un puente atirantado.
  • Severidad del impacto (A, B, C): evalúa la protección del ocupante, midiendo las fuerzas que actúan sobre él durante la colisión. Una clasificación A representa el nivel más seguro, al minimizar los daños físicos a los pasajeros.

Superar los ensayos prescritos en la EN 1317 permite obtener el marcado CE obligatorio desde 2011 para la comercialización e instalación en proyectos de obra pública de carreteras. Esta certificación no solo asegura que el producto ha superado los ensayos europeos, sino que también lo valida como una solución aceptada por las administraciones públicas en procesos de licitación y homologación de infraestructuras.

 

Ensayos de impacto y validación técnica

Previo a su implantación, las barreras deben someterse a ensayos de impacto a escala real en laboratorios acreditados. Estos ensayos reproducen condiciones de accidente controladas y se realizan con vehículos de masas, dimensiones y velocidades específicas, según lo exigido en la norma EN 1317.

Durante las pruebas se evalúan tres aspectos principales:

  • Capacidad de contención y redirección: la barrera debe evitar que el vehículo atraviese el sistema o vuelque, y además debe redirigirlo de forma controlada hacia la calzada para minimizar riesgos adicionales.
  • Deformación dinámica y absorción de energía: se mide cuánto se desplaza y deforma la barrera, así como la cantidad de energía que absorbe en el impacto. Esto es crucial para determinar el espacio de seguridad necesario detrás de la instalación.
  • Seguridad de los ocupantes e integridad estructural: se evalúa la aceleración y desaceleración experimentada dentro del vehículo, así como la estabilidad de la barrera tras el choque. Una barrera certificada no solo debe proteger frente a un primer impacto, sino también mantener sus prestaciones para futuros siniestros hasta su reparación.

Los informes de estos ensayos son indispensables para obtener el marcado CE y, por tanto, para poder suministrar barreras a proyectos públicos.

La certificación como requisito en proyectos públicos

En el ámbito de las licitaciones públicas, disponer de barreras certificadas según la EN 1317 no es opcional, sino un requisito indispensable.

Más allá de la obligatoriedad normativa, la certificación representa un valor añadido para las empresas del sector, aportando confianza tanto a las administraciones como a los usuarios de la vía. Además, asegura la competitividad en un mercado cada vez más regulado y exigente.

Sin embargo, el marcado CE que otorga esta normativa no es la única herramienta válida para evaluar sistemas de contención, de hecho, no es raro que se instalen sistemas sin marcado CE como las transiciones entre SCV o los terminales de barrera. No hay que olvidar que la EN 1317 es un mecanismo de homogeneizar la evaluación de sistemas de contención a nivel europeo, lo cual es todo un reto, y las administraciones regulatorias no siempre se han puesto de acuerdo para publicar normativas con algunos sistemas de contención. Esto no quita que se evalúen con todo el rigor del mundo, y que en ocasiones se instalen cuando son mejores soluciones, o no hay en el mercado soluciones viables con marcado CE.

Las barreras de seguridad vial no son un simple elemento de equipamiento, sino un componente estratégico en la reducción de la siniestralidad y la protección de vidas. Su correcta elección, instalación y certificación garantiza no solo el cumplimiento de la normativa, sino también la viabilidad de proyectos públicos y privados. Apostar por sistemas certificados es invertir en seguridad, sostenibilidad y confianza.


Dispositivos de contención y equipamiento ITS para carreteras de alta capacidad

La seguridad vial en carreteras de alta capacidad requiere soluciones que combinen protección física, monitorización inteligente y cumplimiento normativo. Los Sistemas Inteligentes de Transporte (ITS) representan hoy la evolución de las infraestructuras, integrando barreras de seguridad vial inteligentes, sistemas de contención avanzados y tecnologías de sensorización y monitoreo, todo alineado con la normativa europea UNE EN 1317. Este artículo detalla cómo estos dispositivos contribuyen a una gestión eficiente, segura y sostenible de las carreteras modernas.

Dispositivos de contención: pretiles, barreras y atenuadores

Los sistemas de contención avanzados son esenciales para prevenir accidentes y minimizar daños en caso de colisión. Entre ellos destacan:

  • Barreras metálicas y de hormigón: Dispositivos rígidos o flexibles que cumplen con la normativa UNE EN 1317, asegurando un nivel de contención adecuado según el tipo de vía y el entorno.
  • Pretiles metálicos: diseñados para carreteras o vías urbanas, para bordes de puentes, coronación de muros o segregación de carriles y protección de usuarios vulnerables. Por ejemplo, los modelos Metaurban®, META13® y META16®,
  • Terminales y atenuadores de impacto: absorben la energía de los impactos frontales, reduciendo la gravedad de los accidentes y protegiendo tanto a ocupantes como a la Modelos como P2, P3, P4, T50, y atenuadores C80 P1600, C110 D1600.

Integración con Equipamiento ITS

Estos dispositivos no sólo cumplen funciones de contención, sino que, al integrarse con la tecnología ITS (Sistemas Inteligentes de Transporte), permiten detectar prevenir accidentes, reducir cifras de siniestralidad y mejorar la gestión del tráfico.

La implementación de equipamiento ITS transforma estos sistemas de contención en elementos inteligentes dentro de las carreteras de alta capacidad. Las principales funcionalidades incluyen:

  • Sensorización vial: Cámaras, radares y detectores de velocidad que miden el flujo de tráfico, densidad vehicular, condiciones meteorológicas adversas, anomalías en la vía o incluso siniestros.
  • Alerta al conductor en tiempo real: Permite la activación de señalización dinámica y mensajes variables al conductor que transita por la vía permitiéndole ser consciente de los riesgos existentes y tomar decisiones más seguras. También pueden lanzarse avisos en tiempo real al ordenador de a bordo del vehículo o a aplicaciones de gestión de tráfico en los teléfonos móviles.
  • Gestión y mantenimiento predictivo ITS: Los datos recogidos por los dispositivos inteligentes facilitan planes de mantenimiento proactivo, optimizando costes y asegurando la disponibilidad de los sistemas de contención.
  • Datos e información útil para la administración: Los datos recogidos por los dispositivos inteligentes permiten conocer mejor las condiciones del tráfico, las ubicaciones o momentos del día de mayor probabilidad de accidente, o cualquier otra información útil para la toma de decisiones por parte del gestor de la carretera.

Por ejemplo, los pretiles Metaurban® SMART o las barreras existentes a las que se haya colocado la solución PlugSmart® Pro pueden transmitir alertas de velocidad excesiva, vehículos detenidos o incidencias, convirtiendo la infraestructura en un sistema de seguridad vial activa.

Normativa y certificación

Todos los dispositivos de contención que se integran con ITS están homologados bajo la UNE EN 1317, lo que garantiza:

  • Nivel de contención adecuado según la masa y velocidad de los vehículos.
  • Ensayos de impacto certificados en laboratorios
  • Integridad estructural y seguridad para los ocupantes en caso de colisión.

La tecnología avanza muy rápidamente, así como las soluciones ITS que se apoyan en ella y que el sector privado está sacando al mercado continuamente. En los próximos años las administraciones europeas y nacionales irán desplegando nuevas normativas para coordinar el despliegue de sistemas ITS vinculados a la infraestructura para facilitar su interrelación y optimizar la explotación de los datos que generan.

Beneficios de la integración ITS en carreteras de alta capacidad

La combinación de dispositivos de contención y equipamiento ITS aporta múltiples ventajas:

  • Mejora de la seguridad vial activa, alertando a los conductores sobre incidentes y condiciones adversas.
  • Reducción de costes por accidentes y mantenimiento gracias a la monitorización
  • Optimización del flujo de tráfico mediante señalización dinámica y datos de densidad
  • Cumplimiento normativo y garantía de calidad para licitaciones y proyectos públicos.

Esta integración permite a las administraciones y operadores de infraestructuras tomar decisiones basadas en datos reales, promoviendo carreteras más seguras, eficientes y sostenibles.

Los equipamientos ITS combinados con sistemas de contención avanzados, como pretiles metálicos, barreras homologadas y atenuadores de impacto, representan la nueva generación de infraestructura vial inteligente. La tecnología SMART, aplicada a dispositivos de contención, permite no solo proteger a los usuarios, sino también transformar la gestión de las carreteras en un proceso más eficiente, proactivo y conforme con la normativa UNE EN 1317.

Si quieres conocer más a fondo sobre este tema, accede al siguiente enlace donde encontrarás un estudio técnico destinado a bordar la importancia de los Sistemas de Transporte Inteligente.


La siniestralidad vial urbana en 2025: cuando la cercanía no equivale a seguridad

El último Global Status Report on Road Safety 2023 de la OMS calcula 1,19 millones de muertes anuales por siniestros viales en el mundo; más de la mitad afectan a usuarios vulnerables y la tendencia apenas ha retrocedido un 5% desde 2010, muy lejos del objetivo de reducir a la mitad las víctimas antes de 2030.

En la Unión Europea 20.418 personas fallecieron en 2023, sólo un 1% menos que en 2022, lo que sitúa el progreso hacia la meta 2030 en un inquietante estado de “estancamiento”.

Radiografía española: 2023 consolida un repunte y 2024 no corrige la tendencia

  • 2023 terminó con 518 muertos en vías urbanas españolas y 65 976 accidentes con víctimas. El 80% de los fallecidos pertenecían a colectivos vulnerables y se repartieron así: 43% peatones (223), 27% motoristas (138), 7% ciclistas y usuarios de VMP.
  • En el 2º trimestre de 2024 la DGT registró 363 fallecidos en el conjunto de la red; 281 en interurbanas y 82 en urbanas (-15% respecto al mismo periodo de 2023). Aun así, mayo concentró el 44% de las muertes urbanas y el 59% ocurrieron en días laborables.
  • España mantiene una de las tasas urbanas más bajas de la UE (9,2 fallecidos por millón de habitantes), sólo superada por los países nórdicos; sin embargo, junto con Francia y Países Bajos es de los pocos Estados que han aumentado los decesos urbanos desde 2012.

Factores que explican la mortalidad en entornos urbanos

Factor Tendencia 2015-2024 Indicadores recientes Quién se ve más afectado
Congestión Flujos de tráfico en hora punta un 18% más lentos (TomTom Index, medias 30 ciudades) Las colisiones por alcance suponen 3 de cada 10 siniestros con víctimas en capitales de provincia Conductores de 25-44 años
Vulnerabilidad peatonal +12% peatones muertos desde 2019 223 fallecidos en 2023; 6 de cada 10 mayores de 65 años Personas mayores y niños
Distracción por móvil Denuncias por uso de móvil +29 % entre 2020-24 El 31% de los atestados urbanos identifica distracción como causa concurrente Conductores de 18-34 años
Déficits de infraestructura 1 960 “puntos negros” urbanos inventariados por la DGT (+8 % vs 2019) 20 % de los siniestros 2023 se produjeron en cruces mal señalizados o con visibilidad reducida Todos los usuarios; especial impacto en ciclistas

Doble sesgo de riesgo: los datos anteriores confirman que la gravedad de un accidente urbano es inferior a la de uno interurbano, pero la probabilidad de sufrirlo es significativamente mayor, sobre todo para quienes caminan, van en moto o utilizan vehículo de movilidad personal.

Evolución demográfica y temporal

  • Edad: el grupo de 75-84 años es el más castigado (65 fallecidos en 2023, +14% vs 2022).
  • Sexo: los hombres siguen siendo el 77% de las víctimas mortales urbanas.
  • Momento del día: el tramo 07:00-13:59h acumula el 39% de los siniestros mortales; las noches de fin de semana concentran los picos de siniestralidad entre motoristas .

Una alerta que no puede esperar

Los números revelan un riesgo urbano persistente que no se diluye con la simple reducción de la velocidad media ni con la mejora de los vehículos. La densidad de usuarios vulnerables, la convivencia con nuevos modos de movilidad y la ausencia de adaptación infraestructural explican que, aun con menos kilómetros recorridos y velocidades más bajas, la ciudad sea hoy el escenario principal de la siniestralidad vial española.

La década 2023-2030 será decisiva. Si la tendencia de 2023 se consolida y la inercia europea no se invierte, España –y buena parte de la UE– no alcanzará el objetivo de las Naciones Unidas. Entender con precisión las causas expuestas es el primer paso ineludible para exigir respuestas proporcionales a la magnitud del problema.


Los pretiles también protegen a los motociclistas

La siniestralidad entre motoristas continúa siendo uno de los grandes desafíos en materia de seguridad vial en España. Solo en 2024, 286 motociclistas perdieron la vida en vías interurbanas, y la cifra total de fallecidos en la última década asciende a 2.385 víctimas, lo que supone un incremento del 33 % respecto a 2015.

Las salidas de vía siguen siendo la principal causa de estos siniestros, especialmente en carreteras convencionales. En mayo de 2025, el 58 % de los accidentes mortales con motocicletas implicadas tuvieron este origen.

A esta realidad se suma el constante llamamiento de la comunidad motera, que denuncia en concentraciones y foros especializados los riesgos de los denominados “guardarraíles asesinos”, reclamando soluciones reales y seguras que protejan al usuario más vulnerable de la vía. 

Radiografía reciente de la siniestralidad motociclista

Magnitud del problema

  • Víctimas mortales 2024: 286 (datos provisionales DGT).
  • Tendencia 2015-2024: +33 % (224 → 289 fallecidos).
  • Usuarios vulnerables 2025: 33 muertos en mayo (descenso global, pero las salidas de vía siguen al alza).
  • Accidentes con múltiples víctimas: +15 % en 2024.

Las salidas de vía, las colisiones frontales y los alcances representan un alto porcentaje de los siniestros con motoristas implicados. A estos escenarios se suman factores agravantes como el exceso de velocidad, el consumo de alcohol y, especialmente, la ausencia de infraestructuras de protección adecuadas.

Sin sistemas de contención diseñados específicamente para este colectivo vulnerable, las consecuencias de un accidente pueden ser especialmente graves, tanto en entornos interurbanos como urbanos.

Los moteros claman por barreras seguras en ciudad: una deuda pendiente

En comunidades moteras como V-Strom Club, Motostrail o Deauvilleros, es habitual encontrar testimonios que denuncian el peligro de los guardarraíles convencionales. Calificados por muchos como auténticas “cuchillas”, estos sistemas metálicos suponen un alto riesgo de amputaciones en caso de accidente.

La creciente sensibilidad social exige soluciones que, además de contener impactos, sean capaces de absorber energía y proteger al usuario vulnerable. Sin embargo, hasta ahora no existían barreras certificadas específicamente diseñadas para entornos urbanos que respondieran a esta necesidad.

Respuesta de Metalesa: Metaurban® N2 con SPM

Consciente de esta necesidad, Metalesa lanza el primer pretil urbano con Sistema de Protección de Motociclistas (SPM) certificado con marcado CE en España. El nuevo Metaurban® N2:

  • Cumple UNE-EN 1317 (contención) y UNE 135900 (protección de motoristas) tras superar todos los crash-tests exigidos.
  • Incorpora un perfil inferior continuo que evita el impacto directo contra postes o bordes duros.
  • Puede integrar iluminación y sensores SMART que envían alertas en tiempo real al centro de control tras una colisión.
  • Ofrece clasificación N2-W2-A, apta para segregar carriles bici, zonas bus-VAO o medianas urbanas.

Beneficios concretos

Beneficio Impacto sobre la seguridad del motorista
Reducción de intrusión Evita contacto con aristas metálicas, disminuyendo amputaciones y lesiones torácicas.
Continuidad superior Facilita deslizamiento controlado del cuerpo, minimiza golpes bruscos.
Certificación CE Garantiza comportamiento predecible y resistencia estructural ante impactos reales.
Versión SMART Aviso inmediato a servicios de emergencia; reduce el tiempo de respuesta.

Las cifras no engañan: los motoristas siguen siendo uno de los colectivos más vulnerables en nuestras carreteras. Una realidad que no solo denuncia la comunidad motera, sino que también reflejan las normativas vigentes.

Hoy más que nunca, implementar barreras seguras no es una opción: es una responsabilidad para administraciones y gestores del entorno urbano.

¿Necesita información técnica, pliegos de prescripción o un estudio de viabilidad para su proyecto? Escríbanos a info@metalesa.com y dé el primer paso hacia infraestructuras verdaderamente seguras.


Transiciones entre sistemas de contención de vehículos: Evaluación y recomendaciones.

El artículo aborda la importancia de las transiciones entre sistemas de contención de vehículos, destacando su papel fundamental en la continuidad de la seguridad vial. Las transiciones no son simples uniones, sino sistemas de contención en sí mismos que deben cumplir con estrictos requisitos para asegurar la protección de los usuarios. Se exploran los avances normativos recientes, como la EN 1317-10:2024 y la Nota Técnica 01/2024, que proporcionan un marco más claro para la evaluación de las transiciones, y se presentan metodologías de ensayo, incluyendo pruebas a escala real, simulaciones numéricas y reglas de diseño. Asimismo, se discuten los desafíos prácticos y las soluciones innovadoras para integrar de manera efectiva las transiciones en los proyectos viales, subrayando la necesidad de un enfoque colaborativo entre fabricantes, ingenieros y autoridades para garantizar los más altos estándares de seguridad vial.

Introducción

Las transiciones entre sistemas de contención de vehículos son elementos fundamentales que permiten la conexión segura y efectiva entre diferentes tipos de barreras y/o pretiles, garantizando una continuidad en los niveles de contención y, por tanto, la seguridad vial por salidas de vía. A lo largo de la historia, el desarrollo de estas transiciones ha evolucionado desde soluciones improvisadas hasta sistemas altamente estudiados y regulados.

Con la aparición de requisitos específicos en normativas nacionales e internacionales como la MASH (Manual for Assessing Safety Hardware) (I) en Estados Unidos o la EN 1317 (II) en Europa, se establecieron métodos de ensayo para evaluar transiciones. Las pruebas comenzaron a incluir escenarios específicos para vehículos ligeros y pesados, considerando cómo las diferencias en rigidez y altura podían influir en los impactos. Con ello los fabricantes comenzaron a colaborar con laboratorios de ensayo para desarrollar transiciones certificadas que garantizaran la compatibilidad entre sistemas específicos. Hoy en día las transiciones son elementos esenciales como sistemas de contención de vehículos, y los esfuerzos están centrados en establecer criterios de ensayo y diseño novedosos con los que resolver la complejidad que tiene adecuar cualquier escenario que se pueda dar en la carretera, apostando por soluciones viables y rigurosas, como por ejemplo la combinación de pruebas virtuales y ensayos físicos para optimizar el diseño de las transiciones y reducir costos.

Las transiciones entre sistemas de contención de vehículos son elementos críticos que permiten asegurar una transición gradual de rigideces, garantizando la continuidad en el nivel de seguridad al pasar de un tipo de barrera y/o pretil a otro.

A menudo se subestima la importancia de las transiciones, considerándolas simples uniones entre barreras, pero la realidad es que cada transición debe funcionar como un sistema de contención en sí mismo, con propiedades definidas de comportamiento ante impactos.

Las transiciones no solo permiten el cambio entre diferentes tipos de sistemas de contención, sino que también aseguran que este cambio se realice de manera controlada y segura, minimizando el riesgo de accidentes y proporcionando una protección continua para los usuarios de la vía. La ausencia de una transición adecuada podría generar puntos potencialmente peligrosos, donde la capacidad de contención del sistema se vea comprometida, lo cual podría resultar en consecuencias graves en caso de colisión. Es por esto que las transiciones deben ser diseñadas y evaluadas con el mismo rigor que el sistema de contención en sí mismo.

Este artículo tiene como objetivo clarificar el concepto de transición y presentar los avances más recientes en su evaluación y certificación, así como mostrar ejemplos prácticos de transiciones implementadas y evaluadas siguiendo las directrices actuales. Además, se abordarán las metodologías de ensayo y simulación que se utilizan para verificar el rendimiento de las transiciones, destacando la importancia de una correcta implementación de estos sistemas en la infraestructura vial. También se analizarán los desafíos que enfrentan estas transiciones en la práctica y las soluciones que se han desarrollado para superarlos, con un enfoque en la normativa vigente y en los casos de éxito que se han observado en proyectos recientes. Asimismo, se destacará la necesidad de una colaboración más estrecha entre fabricantes, ingenieros y administraciones públicas para garantizar que las transiciones cumplan con los más altos estándares de seguridad y eficiencia.

Contexto normativo

En Europa, la normativa EN 1317(II) regula los sistemas de contención de vehículos, incluidas las transiciones, que están cubiertas por la parte 4. Sin embargo, hasta la fecha, esta parte nunca ha sido armonizada para obtener un marcado CE, como ocurre con los pretiles, barreras o atenuadores de impacto.

En enero de 2024, la parte 4 de la norma EN 1317(II) fue derogada y reemplazada por tres documentos:

  • CEN/TR 1317-10:2024(III): Informe técnico que establece metodologías para evaluar transiciones entre sistemas de contención de vehículos.
  • CEN/TS 1317-7:2024(IV): Especificación técnica que aborda la caracterización de las prestaciones y métodos de ensayo para terminales de barreras de seguridad.
  • CEN/TS 1317-9:2024(V): Especificación técnica que detalla los ensayos de impacto y métodos de ensayo para tramos de barrera desmontables.

Estos documentos proporcionan directrices actualizadas para la evaluación y diseño de transiciones, terminales y tramos de barrera desmontables como sistemas de contención de vehículos. Sin embargo, no son documentos armonizados por la parte 5, por lo que no es posible la obtención del marcado CE tras evaluarlos de acuerdo a estos documentos.

La parte 10 de la EN 1317(II) es un informe técnico que describe diferentes enfoques para la evaluación de las transiciones entre sistemas de contención. Estos enfoques incluyen ensayos a escala real, simulaciones numéricas, y simples reglas de diseño para situaciones menos complejas.


Imagen 1. Resumen de los métodos de evaluación del informe técnico CEN/TR 1317-10:2024.

Cada administración europea tiene la libertad de decidir qué metodología adoptar, lo que ha llevado a diferencias significativas en la regulación y aceptación de transiciones en distintos países.

En lo que respecta al ámbito español, hasta la aparición de la Nota técnica 01/2024(VII) sobre documentación requerida a los sistemas de contención de vehículos, en la que se aclara que las transiciones están exentas de marcado CE y se evalúan con alguno de los métodos recogidos en el CEN/TR 1317-10:2024(III), la Orden Circular 35/2014(VIII) del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible establecía que se emplearán transiciones de forma semejante a las empleadas en el ensayo en el que se obtuvo el marcado CE. Sin embargo, como el marcado CE es de las barreras o los pretiles, surge una confusión porque no se define con claridad cómo deben evaluarse las transiciones. En la práctica, los fabricantes emplean detalles constructivos que se colocan en los extremos de las barreras y pretiles en el ensayo. Estos elementos de finalización no se evalúan formalmente, pero luego se utilizan como soluciones para la transición. Éste es un defecto de la normativa actual, ya que no aclara que una transición es un sistema de contención en sí mismo que debe ser evaluado de forma independiente y combinando los sistemas que se desea unir.

Imagen 2. A la izquierda el detalle constructivo habitual en ensayos tipificados en la UNE-EN 1317-2:2011(IX) en laboratorio acreditado de un sistema de contención de vehículos de nivel H2. A la derecha el mismo sistema instalado en obra siguiendo el detalle constructivo.

Otro ejemplo de guía que regula transiciones es la normativa francesa NF058(IX). Esta norma establece un método para evaluar las transiciones entre sistemas de contención de vehículos basándose en una combinación de ensayos a escala real y simulaciones numéricas para validar su rendimiento. En la NF058(IX) se clasifican las transiciones en diferentes clases según las características de los sistemas a conectar, sus parámetros de deformación y la existencia de piezas específicas de transición. Dependiendo de la complejidad de la transición, se pueden aplicar verificaciones documentales, simulaciones numéricas o una combinación de ensayos físicos y simulaciones para garantizar la seguridad y la continuidad de la contención entre los sistemas conectados, de tal forma que se plantea una metodología que sigue parte del ámbito regulatorio del CEN/TR 1317-10:2024(III).


Imagen 3. Resumen de los métodos de evaluación de la norma NF058 (IX).

Ampliando el ámbito internacional, la norma estadounidense MASH(II) proporciona directrices claras para la evaluación de transiciones entre sistemas de contención de vehículos. Se enfoca en asegurar que las transiciones ofrezcan un rendimiento adecuado mediante pruebas a escala real y simulaciones, garantizando así una transición segura y efectiva al pasar de un tipo de barrera a otro.

Cabe destacar también que, en regulaciones de algunos países sudamericanos como Colombia o Paraguay, se han adoptado normativas basadas en estándares internacionales, como la EN 1317(II) y MASH(I), con adaptaciones específicas a cada país. Estas regulaciones también establecen un marco claro para la evaluación de las transiciones, considerando las características y necesidades propias de cada territorio.

Un aspecto relevante en el desarrollo o evaluación de transiciones es el empleo de la norma UNE-EN 16303:2021(VI). Esta norma tiene como propósito establecer los requisitos y metodologías para la validación y verificación de modelos numéricos que se utilizan en simulaciones de sistemas de contención de vehículos. Esto incluye la evaluación de modificación de barreras, pretiles y otros sistemas como las transiciones, garantizando que los modelos sean representativos de la realidad para asegurar la fiabilidad de los resultados de las simulaciones.

En el caso de evaluación de transiciones, la parte 10 de la EN 1317(II) contempla el empleo de simulaciones reguladas por la norma UNE-EN 16303:2021(VI) para las evaluaciones de transiciones Tipo B, esta norma es especialmente útil porque proporciona un marco estructurado para validar modelos numéricos que permiten simular el comportamiento de estos elementos. Las transiciones requieren una evaluación detallada para garantizar que la interacción entre sistemas de contención sea segura y eficaz, y la UNE-EN 16303:2021(VI) permite que estas simulaciones sean una representación fiel de las pruebas físicas, asegurando que se cumplan las expectativas de seguridad antes de la implementación en campo. Esto es crucial para optimizar el diseño y reducir la limitación que suponen los ensayos a escala real.

Analizando el contexto normativo, se pone de manifiesto que, en las distintas normativas que regulan el uso de sistemas de contención de vehículos, las transiciones son un elemento fundamental. En los últimos años, se han desarrollado soluciones innovadoras para su evaluación, con un enfoque en mejorar la seguridad vial y garantizar la continuidad de las prestaciones entre diferentes tipos de sistemas de contención. Se espera que, en breve espacio de tiempo, la administración española presente propuestas normativas actualizadas que incluyan las transiciones.

Concepto de transición

El primer punto clave reside en comprender que una transición no es simplemente una unión entre dos barreras. Una transición es un sistema de contención de vehículos en sí mismo, es decir, se puede considerar como otra barrera y/o pretil que tiene caracterizados los parámetros habituales que se obtienen tras superar los ensayos de la UNE-EN 1317-2:2011(X) como son el índice de severidad, deflexión dinámica, intrusión del vehículo, ancho de trabajo, longitud del sistema…

Es por esto que la norma debe establecer métodos específicos para que estos sistemas puedan ser evaluados de forma independiente a las barreras o pretiles que conectan, de tal forma que sean caracterizados con estos parámetros de manera análoga a aquellos.

Una forma de entender que la transición tiene una identidad propia es observar un ejemplo de transición. En la imagen 4 se puede ver una transición entre pretil metálico y barrera de hormigón. Si se analiza con detalle, el pretil metálico sigue un patrón constante de separación entre postes, pero a la hora de acercarse a la barrera rígida de hormigón, modifica este patrón porque se busca rigidizarse al encontrarse con un sistema que no se deforma al recibir el impacto de un vehículo. De este modo se consigue una transición adecuada de rigideces. Además de ello, se emplean piezas especiales para evitar que las diferencias geométricas entre los dos sistemas presenten problemas a la hora de interactuar con los vehículos. Se puede ver que, por ejemplo, la barrera de hormigón presenta unas escotaduras especiales para acoplarse del mejor modo posible a la unión con el pretil metálico. Pues bien, todo este tramo de barreras que no mantienen su morfología habitual son parte de lo que llamamos transición, por lo que en este ejemplo es fácil entender que físicamente la transición tiene una longitud no despreciable.


Imagen 4. Ensayo a escala real de transición entre barrera rígida de hormigón y pretil metálico evaluado según la norma NF058(VIII).

Por otro lado, hay que distinguir entre transiciones entre barreras y transiciones entre pretiles y barreras, porque hay una diferencia fundamental debido al elemento de sustentación. El primer caso es más simple de resolver, ya que el elemento de sustentación no cambia entre los dos sistemas, mientras que en el segundo caso sí cambia, pasando de estructura a terreno, lo cual complica la forma de encajarlas y requiere un diseño más detallado y específico.


Imagen 5. Ejemplo de transición entre barreras flexibles tipo bionda y trionda evaluada según la norma NF058(VIII).

Otro punto a resaltar es vencer la falsa creencia de que una transición es adecuada simplemente haciendo saltos graduales de niveles de contención, de uno en uno. La realidad es que la transición tiene un nivel de contención concreto, que normalmente será el de uno de los dos sistemas que conecta. El otro sistema que se une puede tener un nivel de contención que salte uno, o incluso dos o más niveles, sin que esto comprometa la seguridad, siempre que la transición haya sido correctamente diseñada y evaluada.

El concepto de «transición lógica de rigideces» es clave en este contexto. Este principio busca que, al pasar de una barrera a otra, la rigidez del sistema no cambie abruptamente, evitando así efectos adversos como el «efecto pilar», que podría aumentar el riesgo de daños en los ocupantes del vehículo en caso de impacto. De esta manera, las transiciones se convierten en un componente crítico dentro del diseño integral de los sistemas de contención, ya que permiten mantener el nivel de contención óptimo a lo largo de toda la infraestructura vial. En muchos casos, las transiciones también deben ser evaluadas bajo diferentes escenarios de impacto para garantizar que su desempeño sea adecuado en diversas condiciones, lo cual añade complejidad a su diseño y evaluación. Por tanto, no se puede subestimar la importancia de una correcta evaluación y certificación de las transiciones, ya que de ello depende en gran medida la seguridad de los usuarios de la vía.

Métodos de evaluación de transiciones

Como se ha comentado en el contexto normativo, el informe técnico de la parte 10 de la EN 1317(II) presenta tres metodologías principales para la evaluación de las transiciones:

  • Ensayos a Escala Real (Tipo A): Este método consiste en realizar pruebas de impacto utilizando vehículos reales para evaluar el comportamiento de las transiciones bajo condiciones controladas. Estos ensayos permiten obtener una evaluación precisa del rendimiento de la transición, y son especialmente útiles para validar la resistencia y efectividad de las transiciones en situaciones de impacto reales. Aunque son costosos, representan la forma más fiable de garantizar la seguridad de los sistemas.
  • Simulaciones Numéricas (Tipo B): Las simulaciones numéricas se utilizan como una herramienta flexible y económica para analizar el comportamiento de las transiciones. En este enfoque, se emplea la norma EN 16303(VI) para validar los modelos numéricos utilizados, asegurando que las simulaciones sean una representación fiel de las pruebas físicas. Este método es especialmente útil para optimizar el diseño antes de realizar pruebas físicas, ya que permite evaluar múltiples escenarios y ajustar parámetros sin necesidad de ensayos físicos costosos. Las simulaciones también son fundamentales para evaluar transiciones complejas, como aquellas que involucran cambios en el elemento de sustentación (de estructura a terreno).
  • Reglas de Diseño Simples (Tipo C): En situaciones donde las barreras a conectar tienen una morfología y nivel de rigidez similar, se pueden aplicar reglas de diseño simples para evaluar la transición. Este método es menos riguroso que los ensayos a escala real o las simulaciones numéricas, pero puede ser adecuado para transiciones sencillas donde el riesgo es menor y la continuidad en la rigidez de los sistemas es evidente. Las reglas de diseño permiten una evaluación más rápida y menos costosa, aunque no siempre proporcionan el mismo nivel de certeza en cuanto a la seguridad del sistema.

Estos métodos proporcionan un marco integral para la evaluación de transiciones, permitiendo a las administraciones el enfoque más adecuado según la complejidad de la transición y las condiciones específicas de la infraestructura vial.

En el caso de la administración española, la reciente Nota Técnica 01/2024(VII) especifica que los fabricantes deben proporcionar certificación de las transiciones conforme a la parte 10 de la norma EN 1317(II). Sin embargo, la administración no se ha posicionado sobre cuál de los métodos de evaluación debe utilizarse en función de las características de las barreras y/o pretiles que se conectan, o según las condiciones específicas de la vía. En la propia nota se aclara que se está trabajando en una revisión de la OC 35/2014(VII) para abordar este aspecto y proporcionar una guía más clara sobre los criterios a aplicar para la evaluación de transiciones.

La Administración Francesa ha sido una de las primeras en adoptar una normativa propia para la evaluación de transiciones, conocida como NF058(IX). Esta normativa clasifica las transiciones según las características de los elementos que se desean conectar, proporcionando un marco detallado que determina los ensayos necesarios para obtener la certificación, tal y como se ilustra en la imagen 3 de este artículo.

El procedimiento de evaluación se basa en determinar el grado de diferencia morfológica y de rigidez entre los sistemas a conectar. En función del nivel de disparidad, se exige una evaluación que puede realizarse mediante ensayos a escala real, simulaciones numéricas, o reglas de diseño simples.

Antes de proceder al diseño detallado de la transición, los fabricantes deben plantear un boceto preliminar que define cómo se llevará a cabo la conexión, incluyendo la longitud aproximada de la transición. A partir de esta longitud y las diferencias morfológicas y mecánicas identificadas, un organismo notificado es el encargado de especificar los puntos de impacto, el tipo de vehículos que se utilizarán, y si se requiere realizar ensayos a escala real o evaluaciones mediante simulaciones, de acuerdo con la norma EN 16303(VI).


Imagen 6. Ejemplo de evaluación de transiciones mediante simulaciones según la norma NF058(VIII).

El siguiente paso implica el desarrollo detallado de la transición por parte de los fabricantes. Una vez consideran que el diseño es satisfactorio, deben presentar toda la documentación del proceso, que incluye informes de ensayos, caracterización de materiales, planos de detalle, manuales de instalación, entre otros, de manera similar a lo que se requiere para la certificación de una barrera o pretil según la normativa europea. En caso de que la transición se haya validado mediante simulaciones, el organismo notificado podrá contratar, como sucede en Francia, a un laboratorio especializado como asistencia técnica para realizar una evaluación rigurosa del desarrollo con el fin de emitir un veredicto sobre la validez de la transición.

El método más sencillo para la evaluación de transiciones es la aplicación de reglas de diseño simples. Este enfoque se aplica cuando los sistemas a conectar, ya sean barreras o pretiles, presentan características morfológicas similares y un comportamiento mecánico análogo. En estos casos, se justifica la conexión mediante un plano de detalle, ya que la semejanza entre ambos sistemas asegura la continuidad en la contención sin necesidad de evaluaciones adicionales complejas. Este camino es, sin duda, el más directo y menos costoso, y se fundamenta en la compatibilidad natural de los dos sistemas involucrados.

La situación de la administración española: Certificación y regulación del uso de transiciones

La Orden Circular 35/2014(VII) del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible establece criterios para la aplicación de sistemas de contención de vehículos en la red de carreteras del Estado. En cuanto a las transiciones, la OC 35/2014(VII) menciona que estas deben emplearse de forma semejante a las soluciones utilizadas en los sistemas con marcado CE. No obstante, este enfoque presenta limitaciones importantes, ya que el marcado CE solo se aplica a barreras y pretiles, y no a las transiciones en sí mismas. En consecuencia, la normativa actual carece de claridad sobre cómo evaluar de manera adecuada una transición, lo que ha llevado a la adopción de prácticas constructivas que no garantizan siempre la continuidad en los niveles de contención.

Como se ha indicado anteriormente, este vacío normativo implica que los fabricantes emplean detalles constructivos en los extremos de las barreras y pretiles para unir los sistemas, sin que estos detalles sean sometidos a ensayos o simulaciones específicas. Como resultado, se terminan instalando uniones que no han sido evaluadas de forma rigurosa, comprometiendo potencialmente la seguridad vial. En definitiva, la OC 35/2014(VII) no define que una transición debe ser tratada como un sistema de contención independiente y evaluado bajo sus propias condiciones específicas.

La reciente Nota Técnica 01/2024 aclara que las transiciones están exentas de marcado CE, pero que deben ser evaluadas conforme a alguno de los métodos establecidos en el CEN/TR 1317-10:2024(III), ya sea mediante ensayos a escala real, simulaciones numéricas o reglas de diseño. Este es un paso importante, ya que proporciona un marco más definido para la evaluación de transiciones, reconociéndolas como un sistema con identidad propia que debe ser evaluado de forma rigurosa.

Sin embargo, la Nota Técnica también señala que la administración aún no se ha posicionado sobre cuál de los métodos de evaluación debe utilizarse en cada caso, dependiendo de las características de las barreras y pretiles a conectar o de las condiciones particulares de la vía.

Finalmente, la nota también indica que se está trabajando en una revisión de la OC 35/2014(VII) para abordar estos aspectos y proporcionar una guía más detallada, lo cual es una oportunidad para mejorar la seguridad de las transiciones.

Llegados a este punto, es esencial que las transiciones sean reconocidas como sistemas de contención independientes que requieren su propia certificación, y que se establezcan directrices claras sobre cuándo se debe utilizar cada método de evaluación.

Un referente adecuado sería adoptar una metodología similar a la aplicada por la administración francesa. Actualmente, el listado de transiciones certificadas bajo este marco normativo incluye un total de 604 transiciones, de las cuales 133 corresponden a fabricantes españoles. Implementar la metodología francesa, que esencialmente es una aplicación del informe técnico europeo CEN/TR 1317-10:2024(III), permitiría disponer automáticamente de estas 133 transiciones certificadas dentro del ámbito de la administración española, otorgando una ventaja competitiva significativa al sector nacional.

Este enfoque ya ha sido seguido por otras administraciones europeas, como la belga, que reconoce las transiciones con marcado NF como válidas en su territorio, incluso si su normativa interna no es idéntica a la francesa. Esto se debe a la incorporación de ciertos matices propios que permiten adaptar las soluciones a las características específicas de cada país, sin perder la coherencia técnica ni comprometer la seguridad vial. La adopción de esta estrategia facilitaría una mayor homologación y estandarización de las transiciones, la revisión de la OC 35/2014(VII) debe ser una oportunidad para establecer un marco normativo robusto que permita una evaluación y certificación de las transiciones de manera coherente y efectiva, asegurando la continuidad en la contención y protegiendo así la seguridad de los usuarios de las carreteras.

Conclusiones

Las transiciones entre sistemas de contención de vehículos son fundamentales para garantizar la continuidad en la seguridad vial, especialmente en puntos críticos como los cambios de rigidez entre diferentes estructuras. A lo largo del artículo, se ha resaltado la importancia de tratar las transiciones no como simples uniones, sino como sistemas de contención independientes que deben cumplir con requisitos específicos para asegurar un nivel de protección adecuado.

El marco normativo ha mostrado avances significativos con la introducción de la EN 1317-10:2024(III) y la Nota Técnica 01/2024(VII). Estas guías ofrecen mayor claridad en los métodos de evaluación de las transiciones, reconociendo la necesidad de un enfoque riguroso y adaptado a las características de cada situación. Sin embargo, la falta de directrices concretas en algunos aspectos, como el método de evaluación más adecuado según las condiciones de la vía, aún presenta un desafío.

El ejemplo de la carretera CV-611 demuestra la complejidad de diseñar transiciones que mantengan la seguridad al pasar de un elemento estructural a otro con diferentes condiciones de soporte. La correcta planificación y la elección de un nivel de contención adecuado son esenciales para evitar reducciones en la seguridad y para lograr una integración eficiente de los distintos elementos del sistema de contención.

Es necesario un enfoque colaborativo entre fabricantes, ingenieros y autoridades reguladoras para desarrollar soluciones innovadoras y efectivas. La adopción de metodologías como la de la administración francesa y la armonización de criterios de evaluación a nivel nacional pueden contribuir significativamente a mejorar la seguridad vial y facilitar la homologación de las transiciones en diferentes contextos.

En resumen, para mejorar la seguridad en las infraestructuras viales, es crucial no solo contar con transiciones adecuadamente diseñadas y certificadas, sino también implementar normativas claras que permitan una aplicación coherente y segura en cada proyecto. La colaboración y la innovación son claves para enfrentar los desafíos actuales y garantizar una seguridad vial continua y efectiva para todos los usuarios de la carretera.


¿Son seguros nuestros paseos marítimos? Los riesgos de ciclistas y peatones este verano

Con la llegada del verano, las zonas de playa se llenan de turistas y residentes deseosos de disfrutar del sol y el mar. Los paseos marítimos se convierten en epicentros de actividad, acogiendo a ciclistas, peatones y usuarios de vehículos de movilidad personal (VMP). Sin embargo, el aumento de usuarios durante esta temporada pone en evidencia la necesidad urgente de modernizar y actualizar las infraestructuras viales.

En muchos paseos marítimos, la delimitación entre la carretera y las zonas peatonales es insuficiente, generando situaciones de riesgo que podrían ser evitadas con una planificación adecuada y una delimitación de estas zonas peligrosas.

Carril ciclista en Sa Rápita, dónde a causa de un atropello falleció una adolescente en 2018.

Hoy en día, la presencia de ciclistas, peatones, patinetes eléctricos y otros VMP ha crecido exponencialmente.

Estos usuarios vulnerables comparten espacios con vehículos motorizados, lo que incrementa el riesgo de accidentes de tráfico. En muchas localidades, la carretera y los paseos marítimos se encuentran a la misma altura y sin barreras efectivas que puedan contener a los vehículos en caso de un accidente por salida de vía.

Esta falta de separación puede provocar situaciones peligrosas, como una salida de la carretera por parte de un vehículo que invada la zona peatonal, causando posibles heridos o incluso fallecidos. La ausencia de pretiles metálicos u otras barreras físicas adecuadas aumenta considerablemente el riesgo de accidentes en estas áreas concurridas.

Paseo marítimo en Jávea junto a la Avenida del Mediterráneo, dónde no existe separación entre zona peatonas, ciclista y carretera.

Una solución efectiva para mejorar la seguridad en los paseos marítimos es la instalación de pretiles metálicos homologados que garanticen la seguridad tanto de los conductores cómo de los usuarios vulnerables.

Es el ejemplo de nuestro pretil metálico Metaurban, que con un nivel de contención N1-H1 y marcado CE, asegura la protección en estas zonas tan transitadas. El pretil metálico Metaurban® es un sistema de contención de vehículos diseñado específicamente para su instalación en vías urbanas o periurbanas, por lo que es ideal para este tipo de carreteras. Es un dispositivo homologado según la norma europea EN 1317 partes 1 y 2 que junto con el cumplimiento de la parte 5 en materia de control de producción, ha obtenido el marcado CE.

El pretil metálico Metaurban proporciona una separación física robusta entre la carretera y las zonas dedicadas a ciclistas y peatones. La estructura del Metaurban está diseñada para absorber impactos y desviar vehículos fuera de las áreas peatonales y ciclistas, reduciendo significativamente el riesgo de accidentes de tráfico. La implementación de estos pretiles metálicos no solo mejora la seguridad, sino que también ofrece una sensación de protección y tranquilidad a todos los usuarios del paseo marítimo.

Soluciones inteligentes para los paseos marítimos del futuro, un paso más allá en términos de seguridad vial.

La prevención de accidentes es clave a la hora de planificar la seguridad vial de cara a la época estival. Cómo hemos comentado anteriormente, es efectivo y conveniente la separación de carriles ciclistas y sendas peatonales de las carreteras, pero aun lo es más el evitar estos posibles accidentes mediante la detección de riesgos y su señalización a los usuarios.

Además de los pretiles metálicos tradicionales, las soluciones inteligentes como PLUG&META® están revolucionando la seguridad vial tal y como la conocíamos hasta la fecha.

Este sistema avanzado incorpora tecnología detecta y alerta en tiempo real sobre riesgos potenciales, e informa a las autoridades en caso de un incidente grave. Gracias a su red de sensores y cámaras, puede identificar riesgos cómo la presencia de peatones y ciclistas, vehículos que se acercan a alta velocidad o situaciones que pueden derivar en accidentes de tráfico.

La capacidad de monitoreo continuo y la respuesta inmediata permiten prevenir accidentes y mejorar la seguridad en los paseos marítimos. De esta forma, permite a las administraciones y ayuntamientos tomar decisiones de movilidad basadas en datos reales de sus carreteras.

La tecnología puede aplicarse sobre cualquier elemento nuevo o ya existente de la carretera, de forma que puede combinarse con el pretil metálico Metaurban para convertirlo en la solución perfecta para las zonas de playa y paseos marítimos.

La tecnología PLUG&META® integrada en los equipamientos de la carretera consigue dotar de Seguridad Vial Activa a las infraestructuras

Este verano, es fundamental disfrutar de las actividades al aire libre con seguridad. La protección de ciclistas, peatones y usuarios de VMP en los paseos marítimos debe ser una prioridad. Los ayuntamientos y las administraciones locales tienen la responsabilidad de implementar soluciones efectivas, como los pretiles metálicos Metaurban y las tecnologías de seguridad vial activa cómo PLUG&META®, para prevenir accidentes y garantizar la seguridad de todos.

Al tomar este tipo de medidas, podemos crear entornos más seguros y agradables para disfrutar del verano. La seguridad es responsabilidad de todos, y con infraestructuras adecuadas, podemos proteger a turistas y residentes, asegurando que nuestros paseos marítimos sean espacios seguros y acogedores para todos.


Seguridad vial y prevención de siniestros - La infraestructura del s. XXI

Seguridad vial y prevención de siniestros: la necesidad de adaptación y seguridad vial

Durante décadas, nuestras carreteras han sido los pilares de la movilidad, conectando ciudades, pueblos y comunidades. Sin embargo, a medida que avanzamos hacia un futuro cada vez más digitalizado y orientado hacia la sostenibilidad, se hace evidente que nuestras infraestructuras viales necesitan una actualización urgente. Si bien se han realizado esfuerzos para mantener y reparar las carreteras existentes, no se ha hecho lo suficiente para adaptarlas a los nuevos métodos de movilidad, las Smart Cities y las crecientes demandas de una población en constante aumento.

La necesidad de adaptación de la infraestructura a las ciudades

El mundo está cambiando a un ritmo vertiginoso, y nuestras ciudades deben seguir el paso. Las ciudades están evolucionando hacia entornos más inteligentes, donde la tecnología desempeña un papel fundamental en la gestión del tráfico, la seguridad vial y la eficiencia energética. Sin embargo, nuestras vías urbanas siguen siendo en gran medida analógicas en un mundo digital. Se necesita una infraestructura vial actualizada que integre tecnologías como sensores inteligentes, sistemas de gestión del tráfico y comunicaciones vehiculares para mejorar la fluidez del tráfico y reducir los accidentes. Las administraciones son conscientes de esta problemática, y desde hace años han llevado a cabo estrategias para mejorar la movilidad basadas en datos para mejorar la vida de sus ciudadanos.

Movilidad sostenible

La movilidad sostenible es otro aspecto crucial que nuestras carreteras deben abordar. Con el aumento de la conciencia ambiental y la necesidad de reducir las emisiones de carbono, es imperativo fomentar el uso de transporte público, bicicletas y vehículos eléctricos. Sin embargo, las carreteras actuales no están diseñadas para dar cabida a esta diversidad de opciones de movilidad. Se necesitan carriles para bicicletas seguros, estaciones de carga para vehículos eléctricos y una infraestructura que fomente el transporte público eficiente.

El crecimiento de la población y la urbanización son tendencias globales que están ejerciendo una presión cada vez mayor sobre nuestras carreteras. Las ciudades están más pobladas que nunca, lo que significa más vehículos en las carreteras y mayores demandas de infraestructura. Sin embargo, muchas de nuestras carreteras no han sido diseñadas para manejar este volumen de tráfico, lo que resulta en congestión, tiempos de viaje más largos y un aumento de la contaminación. Es fundamental adaptar nuestras carreteras para satisfacer las necesidades de las ciudades del siglo XXI y más allá.

Seguridad vial y prevención de accidentes

Uno de los aspectos más críticos al hablar de infraestructura vial es la seguridad de quienes la utilizan. Cada año, miles de vidas se pierden en accidentes de tráfico, y muchas más personas resultan gravemente heridas. Es fundamental que nuestras carreteras estén diseñadas con un enfoque en la seguridad vial para reducir estas tragedias.

La tecnología juega un papel fundamental en la prevención de accidentes. Sistemas avanzados de asistencia al conductor, como el frenado automático de emergencia y la detección de puntos ciegos, pueden ayudar a evitar colisiones antes de que ocurran. Además, la iluminación adecuada, señalización clara y mantenimiento regular de la infraestructura pueden mejorar la visibilidad y reducir los riesgos para los conductores.

Tecnologías como PLUG&META®, son un claro ejemplo de innovación en el ámbito de las SMART ROADS, o carreteras ingeligentes, y una clara tendencia que reafirma el compromiso de la administración con los nuevos tiempos. Las decisiones más adecuadas para la movilidad urbana han siempre de tomarse en base a datos reales, que garanticen la seguridad de todos los usuarios de la vía.

La educación vial también desempeña un papel crucial en la prevención de accidentes. Programas de concienciación sobre la importancia del uso del cinturón de seguridad, respetar los límites de velocidad y evitar distracciones al volante son fundamentales para promover una cultura de seguridad en nuestras carreteras.

Desde Metalesa creemos firmemente que la prevención de accidentes requiere un enfoque holístico que aborde tanto los aspectos tecnológicos como humanos de la seguridad vial. Al invertir en infraestructuras más seguras y promover una conducta responsable por parte de los usuarios de la carretera, podemos trabajar hacia el objetivo de reducir drásticamente el número de accidentes y salvar vidas en nuestras carreteras.

 

 

La colaboración entre el sector privado y la administración

Abordar estos desafíos requiere una colaboración estrecha entre el sector privado y la administración pública. Las empresas tecnológicas pueden aportar experiencia en innovación y desarrollo de soluciones inteligentes, mientras que los gobiernos tienen el poder de establecer políticas y regulaciones que fomenten la inversión en infraestructura vial. Es crucial que ambas partes trabajen juntas para garantizar la seguridad, la movilidad y el bienestar de todas las personas que dependen de nuestras carreteras.

En resumen, nuestras carreteras necesitan una renovación urgente para adaptarse a las demandas del mundo moderno. Desde la integración de tecnologías inteligentes hasta la promoción de la movilidad sostenible y la gestión del crecimiento urbano, hay muchos aspectos que deben abordarse. Solo mediante una colaboración efectiva entre el sector privado y la administración pública podemos garantizar que nuestras carreteras estén preparadas para satisfacer las necesidades de las Smart Roads en las ciudades inteligentes del presente y del futuro.


Atenuadores de impacto y terminales, esos grandes desconocidos

Los sistemas de contención de carreteras comprenden un amplio abanico de soluciones. Comúnmente, se asocia este concepto a barreras de seguridad o pretiles que se disponen a lo largo de infinidad de kilómetros de vías, vinculando el concepto de Seguridad Vial exclusivamente a este tipo de sistemas. Sin embargo, existen otras soluciones destinadas a problemas concretos de seguridad vial que se dan de forma sistemática en el trazado de las vías. Estos otros sistemas no se prescriben con el mismo detalle que las barreras o pretiles y, sin embargo, muchos de los siniestros viales más graves se dan en zonas donde hubiese sido posible disponer un Atenuador de impactos o un Terminal de barrera. Este articulo aborda la necesidad de establecer criterios de diseño que faciliten el trabajo a proyectistas, administraciones y empresas del sector para dar soluciones que mejoren la seguridad vial de nuestras carreteras.

 

Introducción

Los sistemas de contención de vehículos (SCV) son equipamientos viarios con una función clave en el ámbito de la seguridad vial de nuestras carreteras. Estos sistemas han evolucionado desde el siglo XVIII, donde se encuentra la parte 1 de un tratado legal y político de caminos públicos en el que se mencionan los guarda- rruedas, hasta el día de hoy en el que existen distintos estándares europeos y americanos que tienen como objeto establecer los requisitos de evaluación de estos sistemas para que sean lo más seguros posibles.

Dentro del paraguas de los SCV se pueden englobar los siguientes tipos:

  • Barreras de seguridad, bien sean de tipo flexible o rígida destinadas a ser emplazadas en los márgenes de la calzada.
  • Pretiles destinados a ser instalados tanto en las aproximaciones como en las propias estructuras que engloban la red de carreteras.
  • Atenuadores o amortiguadores de impacto, destinados a ser emplazados frente a un posible obstáculo.
  • Terminales de barreras de seguridad, cuya función es finalizar adecuadamente una barrera o pretil.
  • Tramos de barreras, que tienen el mismo fin que una barrera o pretil, pero que mediante uniones especialmente tratadas permiten aberturas para facilitar el tránsito a través de ellas.
  • Transiciones entre SCV, que mediante piezas especiales o no, materializan la unión entre barreras y/o pretiles con una longitud determinada y para un nivel de contención concreto, asegurando transición de rigideces adecuada entre diferentes sistemas de contención de vehículos.
  • Sistemas de protección de motoristas, como parte accesoria que se adosa a una barrera o pretil, garantizando una adecuada protección del motorista.

El hecho de que existan distintos tipos de SCV con finalidades con- cretas, no implica que el empleo o demanda de los mismos en los distintos puntos de la red de carreteras se dé de forma semejante, o eso es lo que al menos sucede en la Red de Carreteras del Estado.

Este hecho puede ser explicado por dos causas, la primera consiste en que en las distintas normativas o regulaciones de las administra- ciones existe una diferenciación en el tratamiento de los distintos SCV, lo cual se puede contrastar tanto en el Pliego de Carreteras PG-3(I), donde directamente en el título del artículo 704 exclusiva- mente se habla de barreras de seguridad, pretiles y sistemas para protección de motociclista, dejando el resto de sistemas definidos como “Otros sistemas de contención” en el artículo 704.3.3., o bien en la propia OC 35/2014 Sobre Criterios De Aplicación De Sistemas De Contención De Vehículos(II), donde los únicos criterios que existen para el empleo de estos sistemas son para barreras de seguridad y para pretiles, habiendo comentarios puntuales o artículos breves para el resto de sistemas.

La otra causa por la que existe este tipo de diferenciación se debe probablemente al distinto tratamiento que se le da a estos sistemas en los propios estándares europeos que los regulan. Estos estánda- res o normas definen una serie de criterios con los que evaluar estos productos, sin embargo, no todas estas normas se encuentran armonizadas, siendo este un requisito indispensable para acreditar cualquier sistema de contención de vehículos mediante un marcado CE. Por tanto, se puede decir que existen dos tipos de SCV, por un lado, los que tienen marcado CE y por otro los que no tienen la posibilidad de acreditarlo aun habiendo sido evaluados bajo el amparo de esta normativa.

Las barreras de seguridad, incluyendo los pretiles, son evaluados de acuerdo a la norma UNE-EN 1317-2:2011(III) y los atenuadores de impacto de acuerdo a la UNE-EN 1317-3:2011(IV), ambas normas están armonizadas por la UNE-EN 1317-5:2008+A2:2012(V), y por lo tanto tras superar los requisitos de producto, estos pueden tener marcado CE. Sin embargo, los terminales y transiciones son evaluados por la UNE-ENV 1317-4:2002(VI), o el sistema de protección de motoristas por la UNE 135900:2017(VII), no pudiendo obtener el marcado CE al no estar armonizadas las normas con las que se les evalúa el comportamiento. Esta desigualdad implica una prescripción mucho más elevada de sistemas con marcado CE respecto a los que no lo tienen, aun habiendo sido evaluados bajo estándares análogos.

 

 

La casuística expuesta se observa de forma clara analizando el nivel de desarrollo de los distintos sistemas existentes por parte de las propias empresas especializadas. Se observa que las barreras de seguridad y los pretiles tienen una alta dominancia respecto a otros.

Un ejemplo claro de productos que cumplen con toda o parcial- mente la casuística anteriormente descrita son los atenuadores de impacto y los terminales. Estos dos SCV suelen incluso confundirse por lo semejantes que son, tanto físicamente, como a nivel de comportamiento frente al impacto de los vehículos.

En el caso de los atenuadores, sí que se puede acreditar el producto mediante marcado CE, sin embargo, se tiene de forma notable una falta de prescripción y criterios de instalación en las distintas regulaciones establecidas por los administradores de las vías. Por otro lado, en el caso de los terminales se cumple la casuística íntegramente ya que no tienen marcado CE y de nuevo existe una falta de prescripción y criterios.

Vista la diferenciación existente entre distintos tipos de SCV cabe preguntarse si la falta de normalización, sumada a la falta de empuje por parte de las administraciones locales están justificadas, pues podría pensarse que este tipo de sistemas no son tan cruciales en el ámbito de la seguridad vial como lo son otros y por lo tanto esta situación de algún modo sería razonable, provocando que las empresas especializadas en SCV no inviertan más de lo debido en desarrollarlos.

No es difícil encontrar ejemplos de obras de reciente ejecución o posteriores a los criterios de instalación de SCV vigentes en los que la presencia de un terminal de barrera o un atenuador está justificada y sin embargo no se dispone ninguno de estos elementos.

En la Foto 1, se puede ver que en los ramales de salida de la glorieta en altura se dispone pretil por el riesgo de caída, y lo mismo sucede en el borde lateral de las dos obras de paso que completan la glorieta. Esta situación provoca que exista una confluencia de dos alineaciones de pretil en un punto, siendo este un emplazamiento susceptible de recibir un impacto frontal, pues está justo en el inicio de un ramal de salida de una glorieta.

Los pretiles se evalúan de acuerdo a la UNE-EN 1317-2:2011 (III), donde se especifica que el punto de impacto en los ensayos se da a 1/3 de la longitud dispuesta, por lo que el extremo final de una barrera o pretil no está evaluado frente a un impacto frontal. El escenario que se termina de describir es un ejemplo de necesidad de empleo de un atenuador que cubre el impacto frente a esta zona de alto riesgo.

Otro ejemplo de necesidad de instalación de atenuadores de impacto o terminales de barreras de seguridad sería el que se puede apreciar en la Foto 2.

 

 

Este artículo se centra en los criterios que se establecen en la OC 35/2014 en cuanto al empleo de los Terminales de barrera o Atenuadores de impacto, y el primer punto a destacar es que existe una clara diferencia con el tratamiento que reciben las barreras o los pretiles.

Un ejemplo muy habitual donde se requiere el empleo de terminales de barreras de seguridad o atenuadores de impacto son las “Narices” en salidas asociadas a una divergencia o bifurcación donde no se pueden respetar los criterios de instalación de barreras o pretiles en los márgenes tal y como se especifica en el artículo 6.7.3. de la OC 35/2014 (II).

Características y funcionamiento de los Terminales de barreras y los Atenuadores de impacto

Es habitual que los Terminales de barreras y los Atenuadores de impacto se traten de forma conjunta en las distintas guías o recomendaciones que existen en las distintas administraciones de carreteras, así sucede por ejemplo en la OC 35/2014(II) donde se habla de los dos sistemas en el artículo 9, o en el Manual for Assessing Safety Hardware de la ASSTHO(VIII) en el artículo 2.2.2.

El hecho de que   estos dos sistemas se traten de forma conjunta, se debe básicamente a que el funcionamiento de los mismos es muy similar, de hecho, el Atenuador de impactos, evita la colisión contra un obstáculo, y el Terminal de barrera lo evita contra el inicio de una barrera o pretil, por lo que, si se considera este inicio de barrera o pretil como un obstáculo, los dos sistemas están haciendo la misma función.

A pesar de lo similares que son, existe una diferencia fundamental entre los dos sistemas y esta consiste en la unión que existe entre el Terminal y la barrera o pretil que finaliza, ya que, a diferencia de este último, el Atenuador trabaja de forma independiente y por lo tanto no se evalúa qué sucede si se da un impacto lateral por salida de calzada en el hueco existente entre el obstáculo y el propio Atenuador.

Actualmente la normativa que establece los ensayos para evaluar el comportamiento de un Terminal de barrera es la UNE-ENV 1317-4:2002 (VI) y en la siguiente Figura 2 se pueden ver todos los tipos de ensayos asociados a cada una de las categorías de comportamiento que se han tipificado para evaluar el comportamiento de los Terminales, siendo de especial interés las 4 trayectorias de aproximación. Se puede ver que existen 2 frontales (centrada en el sistema y decalada una distancia) y otras dos laterales en distinto sentido de aproximación y ángulo de incidencia.

 

Por otro lado, desde hace tiempo, se está trabajando en una evolución de la normativa UNE-ENV 1317-4:2002 (VI) y recientemente ha sido aprobada en el seno del TC226 (IX), 3 documentos que sustituirán a la citada norma, siendo la FprCEN/TS 1317-7 (X) la que establece los nuevos criterios de evaluación de estos sistemas. En la siguiente Figura 3 se especifican de nuevo la actualización de ensayos que hay que realizar para obtener las nuevas categorías de comportamiento, en las que se incluyen las de la norma anterior, así como las trayectorias de aproximación, siendo en este caso hasta 6 trayectorias, añadiendo una frontal más pero con un cierto grado de inclinación, así como una trayectoria 6 en la que se evalúa la conexión entre el Terminal y la propia barrera que finaliza.

 

La normativa que establece los métodos de evaluación de los Atenuadores de impacto es la UNE-EN 1317-3:2011 (IV). En ella, al igual que sucede con los Terminales de barrera, se especifican los tipos de ensayos para obtener cada una de las categorías que se pueden ver en la siguiente Figura 4.

En la relación de ensayos anterior se puede ver que en el caso de los Atenuadores se establecen 5 trayectorias de aproximación. Se puede ver que, con la excepción de la trayectoria 4, la cual tiene el punto de impacto a L/3 en el caso de los Atenuadores y a 2/3L en el caso de los Terminales, las otras 4 trayectorias son ensayos idénticos a los que se realizan para evaluar los Terminales, quedando la trayectoria 6 de los Terminales como exclusiva de estos sistemas, lo cual es lógico ya que el Atenuador por definición no va conectado a nada.

Si se observan las clases de Atenuadores existentes de acuerdo a la UNE-EN 1317-3:2011 (IV), se puede ver en la Figura 5 que hasta los nombres son similares a los de las tablas que aparecen en la Figura 4.

Estas similitudes en el ámbito de empleo de los dos sistemas, así como el hecho de compartir incluso ensayos de caracterización, hace que en la práctica se confunda el empleo de los mismos. Este hecho es recurrente en la OC 35/2014 (II) donde existen varios artículos donde se propone el empleo de uno u otro sistema para una misma casuística.

Cabe destacar que los Terminales de barrera y los Atenuadores se clasifican como cualquier sistema de contención de vehículos por lo que, además de las categorías que se han mostrado en este artículo, existen toda una serie de clasificaciones asociadas al comportamiento de estos sistemas en los ensayos, como son:

  • Parámetros relativos a la deformación de los sistemas tras el ensayo:

Terminales de acuerdo a la UNE-ENV 1317-4:2002 (VI).

  • Severidad del Tabla 5 de la norma
  • Zona de desplazamiento lateral Tabla 6 de la norma.
  • Ubicación del vehículo en el recinto de salida. Tabla 8 de la

Terminales de acuerdo a la FprCEN/TS 1317-7 (X).

  • Severidad del Tabla 11 de la norma
  • Zona de desplazamiento lateral Tabla 12 de la norma.
  • Ubicación del vehículo en el recinto de Tabla 13 de la norma.

Otra característica de este tipo de sistemas es el concepto de familia. En las normativas que regulan estos sistemas aparecen una serie de tablas llamas matrices reducidas de ensayos, en las que se establece qué ensayos se deben de hacer para obtener un Terminal o Atenuador con por ejemplo un ancho diferente, o un ángulo de inclinación distinto, a partir de un sistema ya ensayado.

Estas matrices reducidas de ensayos permiten obtener una gama amplia de Terminales o Atenuadores sin tener que hacer un número excesivo de ensayos, siempre y cuando los productos que componen la familia compartan piezas, uniones, materiales y espesores.

Criterios de instalación de los Terminales de barreras y de los Atenuadores de impacto

En los apartados anteriores se ha hablado mucho sobre las normas que establecen los requisitos que debe de superar un Terminal de Barrera o Atenuador de impacto para ser validado en forma de ensayos a escala real, bien tenga marca- do CE o no. Sin embargo, las regulaciones que permiten prescribir este tipo de SCV son las que establecen cada una de las administraciones locales que tiene competencia en materia de carreteras. Un ejemplo sería la OC 35/2014 (II), en el caso de la Red de Carreteras del Estado, Dispositifs de retenue routiers marqués CE surouvrages d'art (XI) del CEREMA en el caso de la administración francesa, o la Roadside Design Guide 4th Edition de la ASSTHO (XII) en el de la americana.

Este artículo se centra en los criterios que se establecen en la OC 35/2014 (II) en cuanto al empleo de los Terminales de Barrera o Atenuadores de impacto, y el primer punto a destacar es que existe una clara diferencia con el tratamiento que reciben las barreras o los pretiles.

En el caso de barreras o pretiles, la metodología que se sigue para establecer los criterios de empleos se basa en:

1. Identificar el riesgo de accidente como normal, grave o muy grave.

2. Establecer como criterio de diseño la IMD o IMDp del tramo de carretera donde se emplaza el sistema.

3. Cruzar estos dos criterios anteriores para establecer el nivel de contención requerido.

En el caso de Terminales de Barrera o Atenuadores de impacto no existe metodología análoga a la expuesta anteriormente para esta- blecer un nivel de contención concreto de estos sistemas, que en el caso de los Terminales se le llama “Categoría de contención” y en el caso de los Atenuadores “Nivel de comportamiento”.

Se presenta a continuación a modo de ejemplo en la Foto 3 una forma de escenificar con un caso concreto la diferenciación entre SCV. Supongamos que tenemos como objeto instalar un pretil en una determinada obra de paso que salva un río para evitar una la caída en altura que se puede dar por los márgenes de la citada obra de paso. De acuerdo con el artículo 2.2. la instalación de un sistema de contención está justificada ya que se ha detectado un desnivel que implica una probabilidad de que se produzca un accidente, debido a que la obra pasa sobre un río se clasifica el riesgo como grave. El siguiente paso es analizar qué IMD (Intensidad media diaria de vehículos) o IMDp (Intensidad media diaria de vehículos pesados) tiene ese tramo de carretera y en función de este dato, en la Tabla 6 del artículo 4.1. de la OC 35/2014 (II) se tendría claro que se debe de instalar en los márgenes un pretil de nivel de contención H2 o H3, según la IMD o IMDp.

Sistemas de contención de vehículos como los Terminales de barreras o los Atenuadores de impacto requieren de procedimientos más detallados de elección en cuanto al nivel de comportamiento o rendimiento.

Volviendo al artículo 2.2. y suponiendo ahora que en el acceso a la obra de paso se tiene en uno de los márgenes un ramal de acceso cualquiera, se entiende que la alineación del pretil se debe de interrumpir para permitir el acceso a este ramal, por lo que la terminación de ese pretil es sin duda la presencia de un obstáculo que implica la probabilidad de un accidente, como se acaba de discernir, de riesgo grave.

En el supuesto escenario que se ha descrito es donde se observa una diferencia entre sistemas de contención. Es fácilmente entendible que para resolver la protección frente al obstáculo existen dos alternativas plausibles, por un lado se puede emplear un Atenuador de impacto debidamente encajado en la obra de paso a modo de cubrir el impacto contra el obstáculo, y por otro lado se podría disponer un terminal de barrera asociado a ese pretil concreto. De hecho, con esta última alternativa se estarían cubriendo todas las posibles trayectorias de impacto, ya que estaría incluso evaluado el impacto en la unión de ese pretil con el propio terminal. Sin embargo, el inconveniente que plantea la OC 35/2014 (II) es que no especifica qué clase de Terminal o Atenuador se debería de emplear en este caso.

Como se ha visto en las tablas con ensayos específicos para caracterizar un Terminal o Atenuador, existen distintos niveles de contención y/o comportamiento según el caso, pero en ambos casos estos están asociados a una velocidad concreta de ensayo que puede ser de 50 Km/h, 80 Km/h, 100 Km/h o 110 Km/h.

En la práctica, frente a la ausencia de criterios que especifiquen el empleo de uno u otro, la tendencia es la de emplear el de mayor velocidad, entendiéndose que con esta elección se cubre cualquier escenario desde el lado de la seguridad, sin embargo, las velocidades asociadas al comportamiento solo hacen referencia a la velocidad empleada de los vehículos en los ensayos, no queriendo decir que esta es la velocidad a la que debe operarse en el tramo de vía concreto para escoger uno u otro.

Una forma de entender que la velocidad de ensayo no tiene una relación directa con la velocidad de la vía es el propio ejemplo del paso superior sobre el río. En este caso era válido emplear un nivel de contención H2. Un sistema que alcanza este nivel de contención lo hace si ha superado los ensayos TB11 y TB51 definidos en la UNE-EN 1317-2:2011(III), donde el ensayo TB11 implica un vehículo ligero a 100 Km/h y el TB51 un autobús de 13.000 Kg a 70 Km/h. Como se ha visto, el sistema se evalúa con vehículos pesados o ligeros a una velocidad concreta que, de hecho, lo habitual es que sea inferior a la de la vía.

Volviendo al caso en el que se precisa emplear un Terminal o Atenuador, la ausencia de criterios provoca que se opte habitualmente por un sistema evaluado a 110 Km/h, pudiendo ser válido uno evaluado a 80 Km/h. Esta ausencia de criterios supone dificulta- des en el encaje de soluciones ya que un Atenuador o Terminal tiene mayor envergadura cuando se testea para velocidades mayores, por lo que el hecho de optar siempre por la solución de mayor nivel comportamiento implica requerir mas espacio en el trazado, pudiendo llegar a ser contraproducente la instalación del mismo.

Habiendo analizado que la OC 35/2014 (II)  no posee unos criterios para establecer la Categoría de contención en el caso de Terminales o el Nivel de comportamiento concreto en el caso de los Atenuadores, queda ver qué tipo de criterios sí establece.

El primer punto donde se habla de Terminales es el artículo 6.6 en el que se especifica que los extremos de barreras de seguridad y pretiles deben de tratarse ya que constituyen un peligro al poder darse un choque de vehículos contra ellos al tratarse de un obstáculo. Las opciones que se dan son empotrar el sistema en el talud de desmonte si se da el caso, abatimiento hasta el terreno o disponer en el extremo de un terminal. Cabe destacar que las dos primeras opciones solo son posibles en el caso de barreras o pretiles que permitan empotrar o abatir en el terreno sus elementos longitudinales, ya que existen multitud de soluciones de pretiles, incluso de barreras que no permiten esta práctica. Se pone de manifiesto en este punto que la alternativa que da solución al extremo de barreras o pretiles en cualquier caso es el empleo de un terminal.

 

En la Foto 4 anterior se aprecia una barrera abatida que no llega a empotrarse en el terreno, este método de finalización de barreras constituye una situación habitual, ya que en los márgenes se tiene señalización, cunetas de drenaje y no es fácil realizar un abatimiento adecuado, sin embargo, el empleo de un terminal solventa el riesgo de accidente.

El segundo punto en el que se habla de Terminales y Atenuadores es el artículo 6.7.3. donde se especifican qué criterios deben reunir las “Narices” en salidas, las cuales están asociadas a divergencias o bifurcaciones. El propio artículo establece que se estudiará el empleo de un Atenuador de impactos o algún Terminal específico. Para ello establece qué criterios de implantación de barreras en el tronco principal y en el ramal de salida se deben dar para evitar el empleo de un atenuador, el cual seria preceptivo si estas convergen en un punto de la bifurcación, estén o no abatidas. En el caso de que se cumplan los criterios de separación e inicio retranqueado de una barrera sobre la otra, se deja a elección del riesgo frontal contra la barrera, es decir, en función de lo bien que se pueda abatir o empotrar una barrera. De acuerdo al anteriormente mencionado artículo 6.6. se estudiará disponer de un terminal en los extremos de estas barreras.

El tercer punto de la OC 35/2014(II) en el que se tratan estos SCV es el 6.7.4. Este artículo en realidad se centra en los comienzos de una mediana en el paso de calzada única a calzadas separadas, no obstante, es de aplicación en la aparición de sistemas de contención en las medianas cuando por ejemplo la traza se amplía con un nuevo ramal, tal y como se puede ver en la Foto 5.

En este artículo, además de establecer que si se da este riesgo se deberá disponer de un atenuador de impacto, es el único en el que se establece un criterio geométrico para el posicionamiento de estos sistemas. En la Figura 6 se observa qué espacio mínimo franqueable (16 metros a contar desde que el cebrado se ensancha al menos 1m) se debe de dejar antes del comienzo de un obstáculo si se considera así el inicio de la mediana, por lo que frente a la ausencia de criterios de ocupación de cebreados en bifurcaciones o inicios de mediana de la Norma 3.1-IC(XIII) de la Instrucción de carreteras Trazado. Este criterio es de gran utilidad para el emplazamiento de Terminales y/o Atenuadores.

El cuarto y último punto en el que se trata el empleo de los Terminales y Atenuadores es el artículo 9. Cabe destacar que es el artículo propiamente dicho donde según el índice de la OC 35/2014(II) se establecen los criterios de empleo de estos sistemas. Sin embargo, en este artículo lo que se hace es recopilar lo ya tratado en los anteriores, es decir, que el Atenuador es preceptivo en bifurcaciones o divergencias no bien resueltas, y el Terminal cuando la finalización de las barreras o pretiles constituya un riesgo elevado.

Analizados los criterios que establece la OC 35/2014(II) se pone de manifiesto que existen al menos los siguientes puntos por resolver para el emplazamiento adecuado de este tipo de sistemas:

• Categoría de contención en el caso de Terminales según el riesgo de accidente. Tabla análoga al caso de barreras o pretiles.

• Nivel de comportamiento en el caso de los Atenuadores. Tabla análoga al caso de barreras o pretiles.

• Posicionamiento de estos sistemas en el caso de divergencias o bifurcaciones:

¿Se debe de respetar el arcén del tronco principal?
¿Se debe de respetar el arcén del ramal de salida?
¿Cuál es la zona franqueable antes del posicionamiento del sistema?
¿Qué ángulos de inclinación entre barrera y terminal o atenua- dor son aceptables?

• ¿En bifurcaciones se deben de emplear atenuadores, o terminales que si que cubren la unión con las barreras que protegen?

• En bifurcaciones con fuertes diferencias de rasante entre el tronco principal y el ramal de salida, ¿Cuándo se dispone de un único atenuador o se opta por pasar a dos terminales?

Los puntos que se terminan de exponer son una lista no exhaustiva de dudas que aparecen en el caso de emplear este tipo de sistemas. En el caso de que en un proyecto se opte por disponer uno de estos sistemas, es habitual que se le traslade al fabricante la decisión final de cómo encajarlo, sin embargo, ya se ha comentado anteriormente que tanto la normativa de trazado 3.1-IC(XIII), como la OC 35/2014(II) presentan una ausencia de criterios que son necesarios para encajar estas soluciones de la forma mas segura.

Conclusiones

En el presente artículo se ha tratado de poner de manifiesto el camino que queda por recorrer en materia de regulación del empleo de SCV. Desde la aparición de las normas que establecen las reglas para evaluar los distintos sistemas, se han establecido criterios de instalación - publicados con la OC 35/2014(II) - que han ayudado claramente a una mejora de la seguridad vial de la Red de Carreteras del Estado. Sin embargo, desde hace ya casi 10 años, no se han revisado estas recomendaciones de uso y por lo tanto no se han mejorado los puntos que pueden generar conflicto, como son por ejemplo el empleo de transiciones entre sistemas.

Sistemas de contención de vehículos como los Terminales de barreras o los Atenuadores de impacto, requieren de procedimientos más detallados de elección en cuanto al nivel de comportamiento o rendimiento, así como criterios específicos sobre el encaje de los mismos en la trazada de las carreteras.

El mercado globalizado no es ajeno al establecimiento de criterios de empleo e instalación de este tipo de sistemas que sí existen en otras administraciones como podría ser la americana o la especifica de otras administraciones de los Estados miembros de la Unión Europea, donde se han tomado regulaciones propias en esta materia.

Se concluye este artículo con el mensaje de que queda trabajo por hacer y que existen multitud de ejemplos en los que apoyarse para mejorar las guías y recomendaciones de las que se dispone en la actualidad.

La actualización de las guías y recomendaciones facilitará el trabajo a proyectistas y responsables de las distintas administraciones, sin olvidar el objetivo último de velar por mejorar la seguridad vial de nuestras carreteras.


Estaciones de trenes, espacios más seguros

Gracias a los avances tecnológicos y técnicos en la industria de la seguridad, los espacios que habitamos y por los que transitamos a diario, como los servicios de transporte público, ofrecen cada vez más seguridad y fiabilidad, permitiendo que sus usuarios no solo depositen su confianza en ellos, sino que aumenten la presente. En el artículo de hoy hablaremos de estos espacios. En concreto, hablaremos de soluciones de seguridad ferroviarias.

Los cerramientos en las estaciones de tren, alta velocidad (AVE), y derivados, se han visto envueltos en una renovación que apuesta por una mejora exponencial de la experiencia del usuario (y de sus trabajadores) en términos de seguridad, garantizando su integridad, mejorando la eficiencia y también la del espacio físico de las estaciones de ferrocarril, protegiendo vías, trenes, señalización, focos, etc.

Hablaremos también del rol de Metalesa y del papel crucial que tiene la instalación de nuestra valla Security Plus en esta renovación de elementos de seguridad que están implementando grandes empresas como Adif en la red ferroviaria española, y de cómo puede adaptarse a las especificaciones de cualquier proyecto.

¿A qué se debe el aumento de la seguridad en estaciones de tren?

En los últimos años, decenas de titulares han colmado páginas de prensa nacional española, estos exponen un alza en la incidencia del vandalismo en las estaciones de ferrocarril y el metro, así también como en distintas áreas del sistema ferroviario afectando a los sistemas de catenaria, poniendo de manifiesto las consecuencias que ha tenido en el correcto funcionamiento, vida útil y rendimiento operativo de los propios trenes.

Hasta hace no demasiado tiempo, el diario Metrópoli daba a conocer, a través de redes sociales, un dato más que relevante. En ese mismo año, el número de actos vandálicos en trenes (mayormente grafiti) ascendía a un total de 921, lo que supuso daños por valor de más de 3 millones de euros, en concreto 3.328.730 euros, el equivalente a una media de más de 12.000 euros diarios. De esta manera, un medio de transporte eficiente y sostenible como el ferrocarril ve mermadas sus capacidades de servicio a millones de pasajeros.

En otra ocasión, tres actos vandálicos en tres puntos de la red viaria que conecta Girona con Francia dieron lugar a retrasos de una hora aproximadamente en el trayecto. Fue en otro momento cuando el robo de 600 metros de fibra óptica originó retrasos en el flujo de pasajeros, causando molestia a más de 7 mil usuarios que se disponían a viajar de Madrid a Cataluña. En otras ocasiones y en diferentes vías, los actos vandálicos han supuesto la cancelación directa de numerosos servicios en diferentes horarios. Es por ello que, para mejorar sus servicios, las empresas responsables del sector se ven abocadas a adquirir soluciones innovadoras que inviten a reducir costes, evitando reparaciones y mantenimiento excesivo, así también como evitar incidentes y largas colas que derivan en la capacidad de reducir los costes operativos.

El problema de seguridad en los entornos ferroviarios, como estaciones, vías, y los propios trenes, queda latente después de numerosos actos vandálicos que ponen de relieve la necesidad de la renovación de estos espacios. Apostando por la instalación e implementación de cerramientos y sistemas de seguridad sin precedentes que reduzcan - si no eliminen - el número de daños causados por dichos actos.

¿Qué tipo cerramiento proporciona mayor seguridad en entornos ferroviarios?

Son numerosos los elementos que se pueden instalar en este tipo de entornos de transporte de pasajeros, pero sin duda en Metalesa apostamos por las vallas de seguridad para garantizar la seguridad, funcionalidad y la integridad de las personas y del espacio.

En concreto, estamos orgullosos de haber desarrollado nuestra valla SECURITY PLUS, un sistema de cerramiento metálico con múltiples posibilidades de aplicación. Este sistema de vallado está destinado a proteger la intrusión de personas en las infraestructuras públicas y privadas.

Nos enorgullece también contar con clientes como Adif, entidad dinamizadora del sector ferroviario en España que actualmente utiliza elementos de seguridad como el vallado SECURITY PLUS en sus instalaciones como parte de su plan por la renovación y mejora de la seguridad en las estaciones del ferrocarril. Con el fin de optimizar el servicio y evitar las interrupciones en las operaciones diarias de los operadores de transporte público.

¿Qué características tiene el sistema de vallado SECURITY PLUS?

En Metalesa, hemos diseñado nuestras vallas SECURITY PLUS con la seguridad como estandarte de nuestro propósito: la protección y seguridad del transporte ferroviario. Este sistema de vallado en concreto consta de paneles fabricados con alambre de acero de 4 y 6 mm de diámetro, con uniones electrosoldadas de retícula rectangular. Esta valla permite ser electrificada y aportar por tanto mayor seguridad al recinto.

La fijación de los bastidores se realiza con tornillos de seguridad inviolables y ha sido diseñada especialmente para tramos en quiebro y curvos del ferrocarril (mediante una poligonal) y con pendiente.

Respecto a su instalación, puede realizarse de dos formas diferentes:

  • Fijación a la estructura mediante soldadura a placa previamente embebida en el hormigón.
  • Fijación a la estructura mediante placa base atornillada con pernos mecánicos o químicos según la norma EN 85-239-91 «Barandillas. Características de los anclajes, condiciones de suministro e instalación en obra».

¿De qué forma puede adaptarse la valla SECURITY PLUS a mi proyecto?

Si bien es posible elegir entre alturas diferentes, esta no es la única característica modificable. Una de las ventajas de este sistema de vallado es la personalización mediante el termolacado con cualquier color de la carta RAL, un sistema europeo de combinación de colores que define colores para pinturas y recubrimientos, perfecto para ajustarse a las especificaciones y características de cada proyecto.

La personalización a través del color por la técnica del termolacado no solo aportará un valor estético que se coordine con la imagen de marca de la empresa, también suscitará en el usuario la sensación de calidad, confianza, coherencia y estabilidad respecto a la misma.

Para conocer nuestra gama de productos y servicios, no dude en contactar con nosotros o visitar nuestro catálogo online.


Atenuadores de Impacto y Terminales de Barrera. Criterios de aplicación

Los sistemas de contención de vehículos (SCV) son sin duda uno de los elementos clave a la hora de medir el nivel de seguridad vial de nuestra red de carreteras. Estos sistemas, si se instalan con los estándares de calidad adecuados, consiguen reducir de forma significativa las consecuencias de los accidentes, principalmente una salida de vía o un impacto frontal.

Existen multitud de normativas nacionales e internacionales que permiten evaluar y certificar los productos, y establecer una guía de criterios con los que instalarlos de forma adecuada, siempre de acuerdo a las características de la vía y a las prescripciones de su fabricante.

Normativa de sistemas de contención de vehículos

La normativa aplicable en Europa es la UNE EN 1317, que incluye varias partes con las que evaluar barreras, pretiles, atenuadores de impacto, transiciones entre sistemas de contención, terminales, tramos de barrera desmontable, así como los sistemas de protección de motoristas. Establecidas estas directrices en todo el espacio común europeo, cada administración debe de transponer esta norma estableciendo sus propios criterios de instalación. En el caso de la administración española, se desarrolló la Orden Circular 35/2014 sobre criterios de instalación de sistemas de contención de vehículos.

Esta normativa tiene su ámbito de aplicación en la Red de Carreteras del Estado y establece criterios de instalación principalmente tanto de barreras como de pretiles. Sin embargo, si se buscan criterios de instalación de atenuadores o de terminales apenas se encontrará alguna referencia en el artículo 6.6 donde se habla de terminales como extremos de barrera, en los artículos 6.7.3 y 6.7.4 donde se mezcla su para divergencias, y por último en el artículo 9 los menciona indistintamente sin aclarar cuándo emplear uno u otro.

De la normativa europea se extrae que los atenuadores tienen marcado CE porque la parte 3 de la EN 1317 está armonizada por la parte 5. Sin embargo, los terminales no tienen marcado CE al no estar armonizados por dicha parte 5.

Niveles de comportamiento de los atenuadores de impacto y terminales

Adicionalmente, estos sistemas se clasifican según su nivel de comportamiento:

  • Los Atenuadores de Impacto puede ser de Nivel de Comportamiento 50, 80, 100 y 110. Este número hace referencia a la velocidad a la que se ensayan. Para cada nivel la norma prevé la realización de 5 ensayos a escala real con distintas direcciones y ángulos de aproximación.
  • Los Terminales por su parte se clasifican por su Clase de Comportamiento P1, P2, P3 y P4 de acuerdo a la parte 4 de la norma. Actualmente, esta parte 4 está vigente, sin embargo, está previsto que sea sustituida de forma inminente por una nueva Especificación Técnica de Terminales recientemente aprobada por el Comité de Normalización. En esta ET, los Terminales se les clasifican como T50, T80, T100 y T110, siendo una clasificación muy similar a la de los atenuadores. En cuanto a los ensayos a escala real, se contemplan hasta 6 ensayos para evaluar su comportamiento.

Todos estos ensayos permiten caracterizar los atenuadores y terminales, asignándoles unos parámetros de deformación asociados a los desplazamientos que se han dado en el propio ensayo, así como unos valores de severidad para los ocupantes de los vehículos.

Criterios de aplicación de atenuadores de impacto y terminales

Hasta aquí, la normativa europea aporta algo de luz, pero llegados a definición de proyecto y a instalación en obra, se observa en la OC 35/2014 una manifiesta carencia de criterios a la hora de emplear terminales y/o atenuadores, en comparación con el detalle exhaustivo de barreras y pretiles.

Por ejemplo, en el caso de barreras y pretiles podemos definir qué nivel de comportamiento se requiere en función de la gravedad del accidente y de las características de la vía. Sin embargo, en el caso de terminales y atenuadores no contamos con ningún criterio que marque la elección del sistema. Una opción es elegir el sistema en función de la velocidad de la vía y la velocidad a la que el sistema fue ensayado. Curiosamente, este criterio no es el que se aplica en barreras o pretiles, donde es habitual instalar un pretil ensayado a 70 Km/h en una vía donde se permite circular a 120Km/h.

Otro punto habitual de instalación de terminales y atenuadores es en las divergencias. De nuevo, la OC adolece de criterios de instalación en estas ubicaciones, problema que genera múltiples dudas. Por ejemplo, qué ramal priorizar y si han de respetarse los arcenes de ambos ramales o no, o por ejemplo la posición del sistema sobre el cebreado, más o menos alejado del vértice de la bifurcación. En este caso habrá que evaluar hasta qué punto pueden converger las barreras que seguramente serán preceptivas para ambos ramales.

Esta variabilidad del posicionamiento afecta a la solución, pues lo atenuadores y los terminales pueden obtenerse en familias donde, para un mismo sistema, existen varias soluciones en cuanto a anchuras e incluso inclinaciones de los paramentos, pudiendo pasar de un terminal y/o atenuador de 300mm de anchura a uno de 2300mm.

Estos brevísimos apuntes en cuanto a criterios de aplicación apenas cubren unos pocos de los múltiples aspectos de duda que se tratan con mucho mayor detalle en un webinar de 40 minutos donde, con muchos ejemplos, fotos y vídeos, tratamos de arrojar algo de luz sobre los criterios que actualmente estamos aplicando en las obras desde el sentido común ante la ausencia de criterios normativos homogéneos. Para ver dicho webinar acceder a nuestra página de formación online.

A modo de conclusión, nos gustaría señalar que, desde la empresa privada se esta evolucionando de forma sistemática con el desarrollo de nuevos y mejores sistemas que optimizan las condiciones de seguridad vial de nuestras carreteras. Pero esto no llegará muy lejos si este desarrollo de producto no va acompañado de unas herramientas legales y normativas con las que poder emplear los SCV de forma eficaz y homogénea.

En Metalesa disponemos de una amplia experiencia en criterios de aplicación de estos sistemas tras múltiples proyectos, y en caso de duda, estaremos encantados de asesorar y guiar a cualquier técnico y profesional para arrojar algo de luz sobre este mundo de los sistemas de contención de vehículos.

Gama de Atenuadores de Impacto con marcado CE de METALESA

En Metalesa disponemos una gama de Atenuadores de Impacto con marcado CE que cubren cualquier casuística que podamos encontrarnos en las carreteras. Puedes consultar con nuestro equipo comercial cualquier duda técnica o de precio sobre estos sistemas de contención.

Atenuador de impacto C80 P330
Atenuador de impacto C80 P600
Atenuador de impacto C80 P900
Atenuador de impacto C80 P1600
Atenuador de impacto C80 D1600
Atenuador de impacto C80 D2300
Atenuador de impacto C100 P330
Atenuador de impacto C110 P330
Atenuador de impacto C110 P600
Atenuador de impacto C110 P900
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