Diseño seguro de bifurcaciones: atenuadores, terminales y protección del vértice
Durante la "Operación Salida" aumenta la circulación por enlaces y accesos que muchos conductores no conocen. Una indicación tardía del navegador, una salida identificada en el último momento o una reducción brusca de velocidad pueden provocar cambios repentinos de trayectoria.
Estas maniobras resultan especialmente críticas en las divergencias, donde la calzada principal se separa de un ramal de salida. En este punto aparece una zona triangular, denominada habitualmente vértice o nariz de la bifurcación, en la que pueden confluir barreras, pretiles, desniveles y otros elementos rígidos.
La protección de esta zona exige algo más que prolongar las barreras de ambos ramales. El proyecto debe analizar las posibles trayectorias de aproximación, el espacio disponible, la velocidad de circulación y la forma en que los diferentes sistemas de contención se conectan entre sí.
¿Por qué una divergencia es un punto especialmente sensible?
En una carretera convencional, la trayectoria principal suele estar claramente definida. En una divergencia, el conductor debe interpretar la señalización, seleccionar un itinerario y ajustar su posición en un espacio limitado.
Cuando esta decisión se toma demasiado tarde pueden producirse:
- Frenadas bruscas antes del ramal.
- Cambios repentinos de carril.
- Invasión de la zona cebreada.
- Impactos contra el inicio de una barrera.
- Colisiones frontales contra el vértice.
- Pérdidas de control entre el tronco principal y la salida.
El problema técnico aparece cuando las barreras que protegen ambos itinerarios convergen hacia un mismo punto. Aunque estos sistemas están diseñados para contener impactos laterales, el extremo de una barrera o un pretil no está necesariamente preparado para recibir un choque frontal.
La solución debe proteger ese punto sin introducir un nuevo obstáculo rígido dentro de la trayectoria probable del vehículo.
El vértice de la bifurcación no se protege con una barrera convencional
Las barreras de seguridad y los pretiles son sistemas longitudinales. Su comportamiento se evalúa principalmente frente a vehículos que impactan lateralmente y deben ser contenidos y redirigidos hacia la calzada.
En una divergencia, sin embargo, el vehículo puede aproximarse frontalmente o con un ángulo muy distinto al previsto para el tramo longitudinal. Por eso, unir directamente las barreras de los dos ramales puede dejar un punto de elevada rigidez expuesto al tráfico.
Los atenuadores de impacto están diseñados específicamente para proteger obstáculos frente a los que puede producirse un impacto frontal. Su estructura deformable absorbe progresivamente parte de la energía del choque y reduce la deceleración transmitida a los ocupantes.
Son habituales en:
- Vértices de bifurcaciones y divergencias.
- Inicios de medianas.
- Pilares de estructuras.
- Entradas de peajes.
- Comienzos de pretiles rígidos.
- Obstáculos que no pueden eliminarse o desplazarse.
Atenuador de impacto o terminal de barrera
Los atenuadores y los terminales pueden presentar una apariencia similar, pero no cumplen exactamente la misma función.
Un terminal de barrera permite finalizar correctamente un sistema longitudinal. Se conecta al extremo de la barrera o del pretil y busca evitar que esa terminación constituya un riesgo frente a una aproximación frontal o lateral.
Un atenuador de impacto, en cambio, se coloca delante de un obstáculo o de una configuración especialmente peligrosa. No funciona únicamente como cierre de una barrera, sino como un dispositivo independiente con una elevada capacidad de deformación.
La elección entre ambos debe basarse en la configuración real del emplazamiento. En una divergencia sencilla, con las barreras suficientemente separadas y retranqueadas, puede estudiarse la utilización de terminales adecuados. Cuando las barreras convergen o existe un obstáculo rígido en el vértice, puede ser necesario instalar un atenuador.
Metalesa analiza con mayor detalle esta diferenciación en su artículo sobre los criterios de aplicación de atenuadores y terminales.
Variables que condicionan la elección
No existe una solución universal para todas las bifurcaciones. El diseño debe estudiar conjuntamente varias variables.
Velocidad y nivel de comportamiento
Los atenuadores se clasifican según la velocidad empleada en sus ensayos de impacto. La gama puede incluir niveles de comportamiento 50, 80, 100 y 110, relacionados con las condiciones de ensayo establecidas para cada dispositivo.
La selección debe considerar la velocidad de la vía y la trayectoria que podría seguir un vehículo fuera de control. En vías rápidas, la energía del impacto y la distancia necesaria para absorberla serán mayores.
Anchura del obstáculo
El dispositivo debe cubrir el elemento que se pretende proteger. No requiere la misma configuración el extremo estrecho de una barrera que la convergencia de dos pretiles o una mediana de gran anchura.
La gama de Metalesa incluye atenuadores con diferentes anchuras y niveles de rendimiento, lo que permite adaptar el sistema a distintas geometrías de carretera.
Espacio de deformación
El atenuador necesita espacio para deformarse durante el impacto. Su emplazamiento debe evitar interferencias con obstáculos posteriores, desniveles, cimentaciones u otros elementos que puedan impedir el funcionamiento previsto.
También debe analizarse el espacio lateral necesario y la posible invasión de los carriles o arcenes durante la deformación.
Trayectorias de aproximación
Un vehículo puede alcanzar el sistema desde el tronco principal, desde el ramal de salida o tras invadir parcialmente la zona cebreada.
Por ello, no basta con estudiar un impacto completamente frontal. La orientación, la anchura y la posición del dispositivo deben responder a las distintas direcciones previsibles de aproximación.
Conexión con las barreras
Cuando el dispositivo se integra entre sistemas longitudinales, la continuidad de las conexiones resulta esencial. Una unión mal resuelta puede introducir cambios bruscos de rigidez, puntos de enganche o zonas sin protección.
El proyecto debe comprobar la compatibilidad con las barreras de ambos ramales y evitar que queden extremos, postes o piezas rígidas expuestas.
Posicionamiento dentro de la zona cebreada
Uno de los aspectos más complejos es decidir dónde debe comenzar el dispositivo dentro de la divergencia.
Instalarlo demasiado cerca del vértice puede dejar una parte de las barreras accesible a un impacto frontal. Colocarlo demasiado adelantado puede ocupar una zona potencialmente franqueable o aproximarlo en exceso a los carriles de circulación.
También debe determinarse qué arcén se prioriza: el del tronco principal, el del ramal de salida o una solución de compromiso entre ambos.
La Orden Circular 35/2014 contiene referencias al empleo de atenuadores y terminales en divergencias, pero Metalesa señala que existen aspectos de posicionamiento y selección que no están desarrollados con el mismo detalle que los criterios aplicables a barreras y pretiles. Entre ellos se encuentran la ocupación del cebreado, la separación respecto a los arcenes y la elección entre uno o varios dispositivos.
Esto hace necesario analizar cada emplazamiento de forma individual y coordinar el diseño geométrico con las prestaciones del sistema seleccionado.
La importancia de los ensayos a escala real
Los atenuadores de impacto se evalúan de acuerdo con la norma UNE-EN 1317-3. Los ensayos contemplan diferentes velocidades, direcciones y ángulos de aproximación para comprobar su capacidad de absorción y el comportamiento del vehículo durante el choque.
Entre las prestaciones analizadas se encuentran:
- La severidad del impacto para los ocupantes.
- El desplazamiento lateral del dispositivo.
- La capacidad de redireccionamiento.
- La trayectoria del vehículo tras la colisión.
- La deformación longitudinal del sistema.
Por ejemplo, los modelos C110 de Metalesa están ensayados para un nivel de rendimiento 110 y cuentan con marcado CE conforme a la normativa aplicable.
Estas prestaciones deben interpretarse junto con las condiciones reales del proyecto, ya que el resultado depende tanto del producto como de su ubicación, montaje y conexión con el resto del equipamiento.
Instalación, inspección y reposición
Una vez seleccionado el sistema, la instalación debe respetar la configuración evaluada: cimentación, anclajes, orientación, altura, componentes y distancias respecto a las barreras.
Después de un impacto, el dispositivo debe inspeccionarse para determinar qué piezas necesitan ser sustituidas. También deben revisarse las conexiones, los anclajes y los sistemas longitudinales próximos.
En accesos con tráfico estacional elevado, la conservación previa a los periodos de mayor movilidad permite comprobar que el atenuador mantiene su geometría, que no existen piezas deformadas y que la zona de funcionamiento permanece libre de obstáculos.
Proteger la decisión tardía del conductor
En una bifurcación, una decisión equivocada puede transformar en pocos segundos una trayectoria normal en un impacto frontal. La señalización anticipada y una geometría legible ayudan a evitar esa situación, pero la seguridad pasiva debe estar preparada para actuar cuando el error ya se ha producido.
Los terminales resuelven de forma segura los extremos de las barreras. Los atenuadores protegen vértices, obstáculos y configuraciones que pueden recibir impactos frontales. Las conexiones y transiciones garantizan que el conjunto mantenga la continuidad necesaria.
Metalesa diseña y suministra equipamiento vial para resolver estas configuraciones, con una gama de atenuadores, terminales y sistemas de contención adaptada a distintas velocidades, anchuras y geometrías.
En los accesos a destinos turísticos, el aumento del tráfico hace más visible el riesgo. Sin embargo, la necesidad de proteger correctamente las divergencias permanece durante todo el año: una bifurcación segura debe estar diseñada para que una decisión tardía no termine convirtiéndose en un impacto irreversible.


